El no brillo (when you're in doubt, glitter it out)
Hoy, después de más de un año sin escribir una línea, vuelvo a la carga con un tema que (aparte del insomnio, los sofocos, los sofocones, los kilos de más, los sudores, la mala milk en general y el hartazgo en particular) me trae tocreisi:
La necesidad que tienen algunas personas de pisar, eclipsar, descuartizar y, en definitiva, apagar el brillo de los demás.
Nunca me he creído susceptible de generar envidias de ningún tipo. Es más, siempre he tenido una imagen bastante realista de mí misma. Puede que incluso me vea desde un prisma de humildad que, en ocasiones, me lleva a una autoexigencia que raya lo enfermizo.
Pero me doy cuenta de que, por poco que tengas, por poco que seas, siempre hay alguien (que necesita una terapia más que respirar) que envidia lo que eres. No lo que tienes. Lo que eres.
No es una envidia sana, no es manifiestamente pública. Es algo sibilino, reptiliano, oscuro y siniestro. Algo que pasa en los bajos fondos de las personas que no tienen nada. Y es que no hay nada peor que una persona insegura fingiendo seguridad.
Ese tener que ser el centro de atención, se hable de lo que se hable, esa insana necesidad de apagar a zarpazos el brillo de los demás, no es más que una forma de autocastigo. No hay nadie más infeliz que aquel que vive pendiente de otras vidas para desprestigiar, minimizar y deslucir los méritos ajenos.
(Demasiado cerquita).
Y puedo decir y digo que estoy hasta el papo.
Que iba a ser más feliz sin esta persona cerca, que me puto desalínea los chacras, que todos los días me digo a mí misma:
“Reina, no es tu guerra. No sufras, que bastante tienes con la fantasía del climaterio”.
Pero todos los días salgo arañándome pa’rriba y mandando podcasts a mis sufridos oyentes, que los tengo al borde del colapso nervioso.
A veces la agresión física está justificada.
Por salud.
Por mi salud mental, concretamente.
¿Cuánto es darle una bofetá a esta persona? ¿300 €?
¡Enga amoo, a echarla!
Pero como soy un ser de luz y por eso me rondan las polillas, opto por callar. Por la elegancia de una retirada sin palabras.
Eso sí: de lejitos.
Puede que, entonces, trate de brillar por sí misma también.
Con frecuencia callamos para evitar una discusión absurda. Cuando el contrincante no aporta nada, personalmente, no pierdo tiempo ni energías en intentar debatir nada.
El problema es que cada vez son menos las personas que considero aptas para un intercambio de opiniones.
Los obtusos que quieren imponer su criterio a la fuerza no entran dentro de lo que considero digno de debate.
Y los que tienen un criterio porque se lo ha dejado su familia (o la hermandad de la Virgen del manto de leopardo) en herencia, tampoco.
En una red social vi una frase que me encantó:
“Yo a mi edad ya no discuto, te doy la razón. Tú te sientes bien, yo observo lo gilipollas que eres y aquí paz y después gloria”.
(Vía Que me quiten lo bailao)
Pues sí, fermosura.
La perra gorda pa ti.
Yo te doy la razón y sigo brillando.
Y si te molesta, ya sabes:
gafitas de sol.







Holaaa, tu brillo sigue intacto y después de este deshago más. Jaaaaa..
ResponderEliminarCuando alguien nos mina la moral y nos trae malas vibras puente de plata aunque no sea un enemigo, a veces 3se mal rollo, viene de alguien cercano.
Me alegro de leerte y allá un regalo un abanico, seguro que lo agradeces, y paciencia esos sudores agotan.🙋🤗🤗😘