viernes, 12 de mayo de 2017

Sacrificios tontos o muy tontos que nadie nos ha pedido




Y es que somos mu sacrificás, nos autocastigamos con idioteces que son de risa.








Privarse de una chocolatina: yo este no lo practico, porque (gracias mami), no tengo tendencia a engordar, peeeero veo a mis amigas quedarse con la cara de perrito abandonao delante de un bombón. En serio, ¿un bombón hoy son unos gramos mañana? No creo ¿no? y si lo son, ¿qué cojones importa?












Aguantar rancios: A ver, que vale que seamos amables, pero todo tiene un límite y el de los pedantesrancioscarcas, yo lo tengo muy bajito.







Ser la madrepsicóloga del atormentao de turno: No. Y aquí me lo digo a mi misma, me lo voy a tener que grabar a fuego. No, la respuesta es No, que se vaya con su madre al pueblo, que haga  terapia, que se haga una meditación, que se tome una pastillita, que se fume un porro o que se esconda debajo de la cama, tú te lo quieres llevar de copas y lo que viene después, no quieres un paciente, quieres un maromo que te lleve a bailar y luego a lo que viene y debe venir después.




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Machacarte porque no has hecho lentejas: No pasa nada por darle de comer porquerías al niño tres días seguidos, luego le das un par de días verduras y se limpia y te va a pedir volver a las burgues.

Esperar un mensajito: Hay dos opciones, escribes tú y te llevas o no el berrinche, o si ves que no hay interés se borra de la agenda, de la vida y de la mente, lo que no vale es ir al baño con el móvil en la mano paporsi.

Destrozarte los pies por unos zapatos divinos: Son divinos, sí, pero te hacen daño, nadie los va a echar de menos, y tus pies te lo van a agradecer. (Esto es aplicable a los gilipollas en general).



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Estar un par de días a líquidos para que te entre el traje de flamenca: ¿En serio?, pues si te queda mu petao, le sacas un poco las costuras, que nadie lo va a notar.

El momento mechas de gorro: Afortunadamente ya pasó a la historia esa técnica, pero era un martirio, una vez lo probé, una,  y juré que nunca más.

El tanga: Es una tortura, no me digáis que no, hay culottes, ideales que no marcan los filitos y no son incómodos.







No ser capaces de decir que no: por esa mierda de sentimiento de culpa de una educación judeocristiana, que nos trae,  no ya por la calle de la amargura, sino  por la avenida de las angustias infinitas.



Fingir que te gustan las canciones de moda: a mí no me subas la radio, ni me bailes despasito que paso.




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Destrozarte el pelo por alisarlo o rizarlo según toque: Oh, ¡venga ya!, ¿de verdad nos tenemos que levantar una hora antes para pasarnos la plancha?, ¿por qué?



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Aguantar opiniones de esas madres sin pestañear: Que no coño, que tú eres una rancia y yo soy feliz, y ni hijo también.

Desayunar un warribatido de acelgas; ¿Por qué? ¿Para qué?

Fingir ser una damisela: Si tienes ganas de hablar como un camionero, porque estas hasta el chichi de tonterías, ¡hazlo, coño hazlo!


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Ponerse una faja: o lo que es lo mismo: no respirar en toooodo el día. Una tallita más de falda o una chaquetita que cubra, coño que nos merecemos por lo menos poder respirar con tranquilidad.





Un cuerpotriste: quiero un tío que me haga reír, no uno que ande penando por las esquinas.













Es alucinante la cantidad de absurdeces que hacemos sin que nadie nos lo pida.
¡Feliz viernes!

1 comentario:

  1. Tengo varias teorías respecto a casi todo lo que dices y según mi estado de animo empleo unas u otras. No suelo, nunca me regaño. Un abrazo

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Comentando que no criticando.