lunes, 12 de febrero de 2018

Il dolce far niente

..o el extraordinario arte de saber quedarse quietecita sin hacer nada.
 Antes de la madurez, antes de que la vida me sepultara bajo un cargamento de responsabilidades, antes de los estreses, antes de las arrugas y de los dolores, antes de querer convertirme, a toda costa,  en una especie de heroína de andar por casa, era capaz de tirarme en un prado a contemplar el cielo y nada más que eso; no hacía nada más, ni pensaba en hacer nada más y era feliz, (mucho) y no había nada que pudiera perturbar esa calma.


 ¿En qué punto del camino perdí esa capacidad de abstracción?, ¿cuándo se apoderó de mi voluntad esta imposición de la perfección?, ¿por qué ya no puedo simplemente no machacarme porque no llego a todo?, ¿dónde coño está la Alicia indolente y relajá? ¿por qué me cuesta admitir que no siempre todo esta bajo control?.

Nadie me ha pedido que tenga la casa en perfecto orden de revista, nadie ha dicho que tenga que engancharme al mocho cada que tengo tiempo para respirar tres veces seguidas. No hace falta que ponga todos los días comida sana, ni que tenga siempre la mesa libre de asuntos pendientes. Tampoco estoy obligada a tener  la respuesta perfecta para todo, nadie me exige que sepa curar y reconfortar a todo el mundo.
Pero lo hago, lo hacemos, todos andamos siempre a medio camino entre las obligaciones, el hartazgo y las ganas de salir corriendo, y aunque en líneas generales, puedo decir que soy feliz y bastante positiva, es cierto que, hay cosas que me terminan empañando un poco ese estado de nirvana emocional o de descerebramiento generalizado  que me llevo currando toda la vida.
Ese deseo casi enfermizo de "ser", de "llegar", de"hacer", terminará por pasar factura,  porque,  al fin y al cabo, es una calle de unidireccional, no me va a llevar a ningún sitio y tampoco nadie me va a dar una estrella dorada al final del día.
 Deberían impartir clases tipo "el noble arte de no hacer nada;  nadie nos ha enseñado a  hacerlo y esto es tan importante para la vida como aprender a poner unas lentejas, es cuestión de supervivencia (tal cual).
Básicamente lo que estoy es hasta el pelo de todo, estoy harta: es así de simple, estoy cansada de tirar del carro, de todos los carros, cansada de hacer concesiones a todo el mundo menos a mí misma, cansada de gente tóxica, y cansada de no dejarme yo a mí misma en paz.
Quiero mandar a tomar por culo a la gente que ensucia mis días y quedarme tan ancha.











Quiero revolcarme en una playa cualquiera, sin pensar que luego voy a estar tres días recogiendo arena.
Quiero ser capaz de no contestar todos los mails sin sentir que no hago bien mi trabajo.
Quier  sentarme en una cafetería a leer, durante la hora de la extraescolares, en vez de salir corriendo a hacer la compra.
Quiero ser capaz de enseñarle al adolescente que aburrirse es sano.
Quiero tumbarme a  mirar las nubes con él, (y sólo eso).




Quiero ver una peli sin que la Ali pesada me machaque con que hay ropa por planchar
Quiero esconder la fregona y lanzarme a la calle sin pensar en las huellas del suelo.
Quiero ser capaz de dejarme ayudar y mostrarme vulnerable sin morirme luego del horror.
Quiero irme de fin de semana aun sabiendo que no he cerrado casi nada en el trabajo y no sentirme mal.
Quiero ser capaz de reconocer que a veces necesito ayuda sin sentir que eso me deja en una situación de indefensión.
Quiero no hacer nada , un rato, sólo un rato cada día sin sentirme culpable.

12 comentarios:

  1. Después de leerte me dan ganas de volverme misántropo y hedonista... ¡ostia! si ya soy todo eso...

    Besos.

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  2. A mí sí que me gusta no hacer nada a veces.
    Pero todas estas cosas que dices tú ya es hacer mucho.

    Besos.

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  3. Si encuentras el momento en que lo perdiste , me lo cuentas.

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    1. Bueno, creo que cuando dejé detrás los 20, eso fué una tristeza.

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  4. Me acostumbré a buscar horas en la noche para tener tiempo de no hacer nada, pero cada vez estoy mas cerca de esta frase "Quiero mandar a tomar por culo a la gente que ensucia mis días y quedarme tan ancha" me la he aprendido. y desde ya voy a ... no creo que cambie nada, no me comprometo. Un abrazo

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    1. Yo tampoco me comprometo, pero quíen sabe?, igual de tanto decirlo, un día el Universo decide que he llegado el momento

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  5. Yo tampoco se cuando se perdieron todos esos privilegios. Me imagino que poco a poco y día a día. SI los vuelves a recuperar, me lo cuentas como hacerlo. Si pudiéramos alejar un poco las obligaciones que nos ponemos nosotras mismas, quizás entonces nos podríamos tumbar a ver nubes. Un abrazo

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  6. Seguir ese ritmo nos esclaviza tanto que nos sentimos con cadenas, inmóviles. Yo un día mandé a tomar por ... todo y a casi todos. Ahora me paro a mirar, respiro más profundo, me conozco mejor y observo.
    Sólo hay que dar un paso adelante.

    Bonito rincón este tuyo, me quedo!

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