viernes, 10 de diciembre de 2010

Y de repente...¡la Navidad!.

Es Navidad, lo ha dicho el Corte Inglés. Las muñecas de Famosa se dirigen al Portal, El Almendro (y la familia) vuelven a casa, con un poco de suerte, nos visita el calvo de la lotería, bueno este año, la Diosa Fortuna, Shakira nos felicita las fiestas con Freixenet, y la Igartiburu da, una vez más, las campanadas, (echo de menos a Ramón García y su capa).
Desde todos los medios, nos instan a ser felices y olvidarnos de la crisis. En estos días, la felicidad es una especie de Decreto de obligado cumplimiento. Nadie quiere ser feliz a la fuerza, aunque la corriente nos arrastre a serlo.
¿Por qué me tiene que gustar la Navidad?. ¿Por qué tengo que llenar el congelador de marisco y carne, como si se aproximara una guerra?. ¿Por qué me tiene que apetecer meterme en un centro comercial con la música a tope y la calefacción más alta aún?. ¿Por qué tengo que hacer una cola de casi una hora para que una niñata con unos pendientes del mismo diámetro que su cabecita loca y masticando chicle me envuelva un regalo?.
Por otra parte, con niños en casa, casi se olvida todo eso y se vive la Navidad con la inocencia de los seis años. Todo es mágico: las luces, los envoltorios brillantes de los regalos, los villancicos, los belenes, y al final, terminamos sufriendo la Navidad y todos su daños colaterales por ver sus caras.
Todos los años me pasa lo mismo; como Álvaro tarda en decidir lo que quiere, cuando salgo de compras, el super juguete de moda está agotado. Por lo visto, hay niños con las ideas muy claras y se deben decidir en Octubre o antes. Mi amigo Luís, dice que lo mejor es comprar los juguetes, sin esperar a que se decidan y luego convencerles de que son los más chulos. Yo esto, la verdad es que, no lo veo muy lícito, es como imponer y el niño se tiene que expresar, ¿no?. En mis tiempos era la Nancy o la Barriguitas para las niñas y Los Playmobil o los Geyperman para los niños, y no había problemas. Ahora hay miles de juguetes de brillantes colores en las estanterías de las tiendas incitando a los niños "¡¡compramé, compramé!!".
Llevo dos días buscando el Super Estadio de Bey Blade, y está agotado en todas las jugueterías, ayer me dolía la cabeza, y hasta he soñado que una peonza gigante me perseguía. Esta mañana se ha obrado el milagro, lo he encontrado, bueno no es el que buscaba, pero sirve lo mismo, me ha costado un discreto codazo a una señora que lo estaba mirando y no se decidía, pero cuando lo he pagado, he sentido no sé..como, como la abuelita del anuncio...una especie de subidón, subidón.
Creo que los dos días de berrinche con el Super Estadio, me han compensado sólo de imaginarme esa carita de alegría cuando lo vea.
Eso es todo, por este año, he terminado, lo he encontrado todo y por fin desapareció el dolor de cabeza, soy ¡¡ libreeeee!!.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Dudas.


Hoy cumplo nada menos que 38 años, y he estado pensando en el regalo que me gustaría tener. A ciertas edades, los regalos materiales son lo de menos, así que he pensado en un poco de compañía. Pero tengo un problema gravísimo y es que de los posibles candidatos,(estoy segura de que no tendrán ningún inconveniente en invitarme a cenar) no me decido.Os expongo quiénes son y los motivos, y me ayudais a decidir.

- Cayetano Rivera: El hombre. Esa mirada misteriosa, ese porte torero, esos silencios. Esas manos...
Lo que no me convence es que lo mismo tanto misterio deriva en aburrimiento y..bueno guapo es, pero si es un muermo...no se yo..eh?. Me desconcierta el hecho de que comparta genes con Paquirrín. Por otra parte tener al Pantojo de cuñado, lo mismo no está tan mal, que con este se entra en todos los locales de moda.

- Miguel Ángel Silvestre: No seguí la serie del título elegante, pero no le vamos a negar que es guapo, lo mismo un poco chaparrito, ¿no?. Además, no conozco a la familia, y la familia política es muy importante, que luego vienen los problemas.

-Hugh Grant. Yo sé que tiene los dientes torcidos y que el peinadito a lo "Ulises" es del siglo pasado, lo de la barrera del idioma es casi una ventaja, se entera sólo de lo que yo quiero que se entere. Pero a pesar del estilismo, tiene algo de ternura y de vulnerabilidad que lo hace muy atractivo. Claro que, por otra parte el hecho de ser o aparentar ser un poco vulnerable, puede terminar en trastorno bipolar, y yo no necesito a nadie que me vuelva loca.

- Y por último, Andrés Aberasturi: ya, ya, nada que ver con los anteriores, pero tiene algo, no sé si el frenillo, si la calva...no sé si el hecho de que seguramente será un excelente conversador...
De verdad, de verdad que no sé con cuál quedarme.