martes, 27 de febrero de 2018

El hombre que no sabía bailar.

Hoy, que voy a mil, que me siento  terriblemente abrumada por las circunstancias, que no logro entender por qué si el entorno es el mismo de siempre, ahora no logro gestionar las cosas con la misma agilidad de antes, que me estoy aguantando la lagrimita desde hace un par  de horas (y la patada en la frente al que se atreva a opinar también), que me pide el alma encerrarme a llorar por todo lo que no lloré en su momento, a llorarlo todo;  lo que merece ser llorado y lo que no,  creo que, lo mejor va a ser que me vaya a perderme un ratito.






Y si voy a perderme, voy a perderme bien, con alguien que sea capaz de poner la paz que hoy me falta, Jaime Sabines, que decía: “Escribí poesía porque nunca aprendí a bailarla, a transmitirla en un apretón de manos, en una caricia, en un grito”.
Porque si no vamos a bailar, podemos pasear y sentarnos en un café a hablar de hojas secas y de risas, de piedritas y de calles gastadas, de almas y de miradas firmes, que hoy no estoy para nada o estoy para todo, que tampoco lo sé, que me quedo en la penumbra de una cafetería de barrio, mientras Jaime cuenta, o baila sus  palabras a media voz:



Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes.
Te quiero como para salir a caminar, hablar del amor, mientras pateamos piedritas.
Te quiero como para volvernos chinos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa las calles.
Te quiero como para ir contigo a los lugares que más frecuento, y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti.
Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche.
Te quiero como para no dejarte ir jamás.
Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.




Y me llevo también a Ara, ¿por qué no? total es una tarde, ya los devuelvo a cada uno a su sitio cuando se me pase este batiburrillo de emociones, cuando ya lo haya llorado todo y vuelva a estar fuerte
¿Alguien se apunta a mi gran plan?







lunes, 26 de febrero de 2018

De batallas y recuerdos

"El agua se aprende por la sed;
la tierra, por los océanos atravesados;
el éxtasis, por la agonía.
La paz se revela por las batallas;
el amor, por el recuerdo de los que se fueron;
los pájaros, por la nieve"
Emily Dickinson




miércoles, 21 de febrero de 2018

Casi nada

“Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.”
Ángeles Caso


Un paseo por el campo, la sonrisa de las personas que amo, ese abrazo que te envuelve, un brindis en una playa cualquiera en un atardecer cualquiera, la Gymnopédie número 1 de Satie, sentarme a hablar de todo o de nada con alguien, un sitio al que volver, luz, paz, amor, en cualquiera de sus formas, la capacidad de apreciar la belleza, un beso robado, esa mirada. Reir.
La reconfortante sensación de una caricia, ser capaz de dejarme querer, saber pedir ayuda, no perder la capacidad de sorprenderme, llevar las cargas pesadas con estoicismo, saber mirar con los ojos de un niño, el suspiro que,  a veces,  se escapa, la persona que lo provoca. Amar.
Aceptar y amar los defectos, un amanecer, reirme de todo, llorar, flores, poesía, volver a sentir, mariposas, la lluvia, el sol. Vivir.

Tampoco pido tanto.








martes, 20 de febrero de 2018

Hoy toca zen (mañana ni idea)

Hoy me he propuesto muy firmemente tener un buen día, porque sí, amiguis, esto se puede decidir igual que se decide la ropa que te pones cada día.













Mi primer pensamiento de la mañana ha sido esta canción, lo que tiene que ser,  a la fuerza,  una señal inequívoca de que todo va a ir bien, y si no lo es, pues me la invento, que yo para ver señales que me convienen soy muy viva.






Me voy a olvidar un ratito de la vida en general y de las chorradas de andar por casa en particular.
Voy a reconocer que, definitivamente, no tengo ni pajolera idea de cómo cojones desmontar una lámpara (la electricidad, esa gran desconocida)  y voy a pasar por el vergonzoso trance de llamar al señor del seguro para que me haga unos arreglos, bueno a mí no, a la casa.
No me reconozco en estas declaraciones de incapacidad, no me gusta admitir que no puedo hacerlo todo, pero soy un poco torpe, ando escasita de paciencia, y por más que miro tutoriales de youtube, no consigo enterarme de si el cable se corta o no,  y como esto último,  tiene pinta de ser peligroso, mejor me rindo ante mi evidente desconocimiento y dejo que el manitas en cuestión, haga su trabajo.
Esto que parece muy fácil,  me ha costado un par de semanas de intentos infructuosos con la lamparita, pero está bien:  reconocido, admitido y asumido sin grandes traumas.
Luego, me voy a tomar algo parecido a un café, que no me quite el sueño de por vida, sin pensar en que tengo mil cosas sin hacer, porque estoy aprendiendo a delegar, a no mosquearme, a dejar que la Alicia tonti se manifieste, a no pretender ser supergirl, aunque me molaba este concepto,  y a no intentar correr los 100 metros lisos subida en unos tacones de 10 cm.
Así que, aunque tenga que atarme a la mesa o clavarme a mí misma un dardo tranquilizante,

 
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  voy a pasar la hora de extraescolares, entera, del todo, toda ella, sentadita en un café, sin hacer nada más que mirar al techo, a la gente que pasa o pensar en el color de uñas que voy a usar mañana.

lunes, 19 de febrero de 2018

La sencillez

Las personas especiales huelen a sencillez y
 reflejan un brillo especial en el centro del alma.


Me gustan las personas sencillas, que no pretenden impresionar a nadie, que dejan ver sus virtudes sin caer en la soberbia, que sonríen sin ambages, que aman sin esperar nada.
Me encanta la gente que es lo que parece, que tienden manos y que salvan almas con las palabras.
Que se emocionan con un amanecer, que se paran a aspirar el perfume de las flores, que dejan caer una lágrima sin pudor con una pieza de música, que se estremecen delante de una obra de arte, que se saben afortunadas sólo por estar vivas.
Las personas mágicas no preguntan, porque ya saben, iluminan habitaciones con una sonrisa, aparecen cuando las necesitas, cuando ni siquiera sabes que las necesitas, una sola palabra les basta para reconfortar un alma atribulada, les brillan los ojos y abrazan sin miedo.
La gente brillante existe, se mezclan con nosotros, nos hacen reír hasta que nos duele la barriga, nos toman de la mano y nos llevan a ver un atardecer, nos obligan  a ser mejores personas y nos recuerdan, cuando ya lo habíamos olvidado, lo que es sentirse en como casa  junto a  alguien.
El lunes es menos lunes cuando tienes la inmensa fortuna de tener a alguien así, cerca.
Me declaro adicta a la sencillez de las personas sencillas
¡Feliz lunes!




lunes, 12 de febrero de 2018

Il dolce far niente

..o el extraordinario arte de saber quedarse quietecita sin hacer nada.
 Antes de la madurez, antes de que la vida me sepultara bajo un cargamento de responsabilidades, antes de los estreses, antes de las arrugas y de los dolores, antes de querer convertirme, a toda costa,  en una especie de heroína de andar por casa, era capaz de tirarme en un prado a contemplar el cielo y nada más que eso; no hacía nada más, ni pensaba en hacer nada más y era feliz, (mucho) y no había nada que pudiera perturbar esa calma.


 ¿En qué punto del camino perdí esa capacidad de abstracción?, ¿cuándo se apoderó de mi voluntad esta imposición de la perfección?, ¿por qué ya no puedo simplemente no machacarme porque no llego a todo?, ¿dónde coño está la Alicia indolente y relajá? ¿por qué me cuesta admitir que no siempre todo esta bajo control?.

Nadie me ha pedido que tenga la casa en perfecto orden de revista, nadie ha dicho que tenga que engancharme al mocho cada que tengo tiempo para respirar tres veces seguidas. No hace falta que ponga todos los días comida sana, ni que tenga siempre la mesa libre de asuntos pendientes. Tampoco estoy obligada a tener  la respuesta perfecta para todo, nadie me exige que sepa curar y reconfortar a todo el mundo.
Pero lo hago, lo hacemos, todos andamos siempre a medio camino entre las obligaciones, el hartazgo y las ganas de salir corriendo, y aunque en líneas generales, puedo decir que soy feliz y bastante positiva, es cierto que, hay cosas que me terminan empañando un poco ese estado de nirvana emocional o de descerebramiento generalizado  que me llevo currando toda la vida.
Ese deseo casi enfermizo de "ser", de "llegar", de"hacer", terminará por pasar factura,  porque,  al fin y al cabo, es una calle de unidireccional, no me va a llevar a ningún sitio y tampoco nadie me va a dar una estrella dorada al final del día.
 Deberían impartir clases tipo "el noble arte de no hacer nada;  nadie nos ha enseñado a  hacerlo y esto es tan importante para la vida como aprender a poner unas lentejas, es cuestión de supervivencia (tal cual).
Básicamente lo que estoy es hasta el pelo de todo, estoy harta: es así de simple, estoy cansada de tirar del carro, de todos los carros, cansada de hacer concesiones a todo el mundo menos a mí misma, cansada de gente tóxica, y cansada de no dejarme yo a mí misma en paz.
Quiero mandar a tomar por culo a la gente que ensucia mis días y quedarme tan ancha.











Quiero revolcarme en una playa cualquiera, sin pensar que luego voy a estar tres días recogiendo arena.
Quiero ser capaz de no contestar todos los mails sin sentir que no hago bien mi trabajo.
Quier  sentarme en una cafetería a leer, durante la hora de la extraescolares, en vez de salir corriendo a hacer la compra.
Quiero ser capaz de enseñarle al adolescente que aburrirse es sano.
Quiero tumbarme a  mirar las nubes con él, (y sólo eso).




Quiero ver una peli sin que la Ali pesada me machaque con que hay ropa por planchar
Quiero esconder la fregona y lanzarme a la calle sin pensar en las huellas del suelo.
Quiero ser capaz de dejarme ayudar y mostrarme vulnerable sin morirme luego del horror.
Quiero irme de fin de semana aun sabiendo que no he cerrado casi nada en el trabajo y no sentirme mal.
Quiero ser capaz de reconocer que a veces necesito ayuda sin sentir que eso me deja en una situación de indefensión.
Quiero no hacer nada , un rato, sólo un rato cada día sin sentirme culpable.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Desandando caminos

"Cada persona viene a este mundo con un destino específico, tiene algo que cumplir, algún mensaje tiene que ser entregado, algunos trabajos tienen que ser completados. No estás aquí por accidente, hay un propósito detrás tuyo. El Todo tiene una intención de hacer algo a través tuyo".
Osho




Y da igual que el camino no sea recto,  dar un paso hacia atrás para recuperar la perspectiva también es una forma de avanzar, aunque a priori, pueda parecer lo contrario.
A veces es imprescindible desandar para avanzar, desaprender para aprender,  deshacer para volver a hacer y desatender para atender.
No importa cuánto lo atrases, lo inevitable llegará.
Y para esperar lo inevitable y para celebrar los pasos que desandan caminos; esta voz, esta canción, esta versión:



















martes, 6 de febrero de 2018

Búscame

Si me pierdo  búscame
dentro de un carcajada
Donde explotan los abrazos
donde se obedece al alma
Si me pierdo,  búscame
cerca de una bulería
donde el tren de la nostalgia
no ha pasado todavía
El Arrebato





Búscame al borde de una sonrisa, búscame al abrigo de un recuerdo. Si me pierdo,búscame dónde va a morir el sol, búscame entre la gente brillante. Si me pierdo,  búscame en una carcajada, en un brindis al sol, búscame en el aire de un suspiro o  en el hueco de un abrazo.
Si decides buscarme,  estaré tras la brisa, entre las hojas secas, en la oscura calma de un bosque, estaré en el edificio más alto de la ciudad mirando la luna. Si quieres buscarme estaré dónde se desdibuja el horizonte y se encuentran los besos perdidos, allá donde la calma triunfa.
Si me pierdo, búscame…





lunes, 5 de febrero de 2018

Más chorradas que make me happy

Un buen libro en las noches de frío.
El silencio de los amaneceres.
Que estés ahí
La cigüeña que veo desde mi ventana.







La luz de Sorolla.



El suspiro que se me escapa cuando me asalta ese recuerdo.
White musk.


Reírme porque sí, porque no necesito que nadie me provoque la risa.
Saberlo.
Una taza de chocolate caliente.




Ese consejo que no voy a seguir, pero que agradezco igual.
Esta canción.




Reconocerme en mis errores, asumirlos, enmendarlos y avanzar.
Una nota de audio de medio minuto de mi amiga,  riéndose, sin decir nada.
El audio en el que me explica lo que le pasa.
Partirme yo también.
Una mariposa blanca que se cruza en mi camino.














Estos versos:
qué de bueno hay en medio de estas cosas,
Oh, yo, Oh, vida?
Respuesta:
Que estás aquí – que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que tú
puedes contribuir con un verso.


Sentir.
Ser.







viernes, 2 de febrero de 2018

Las ruinas

“..todos queremos que las cosas permanezcan igual aceptando vivir en la aflicción porque le tenemos miedo al cambio, a que todo termine en ruinas. Luego,  vi alrededor del lugar, el caos que había permanecido y  la forma en la que se ha  adaptado al ser quemado, saqueado y luego construido  una vez más, y me sentí tranquila.
Tal vez mi vida no ha sido tan caótica, el mundo es el caótico y la verdadera trampa es atarse emocionalmente al caos. Las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación”


Comer, rezar, amar


Tarea para el fin de semana: provocar el cambio (y esta vez es de verdad).