viernes, 18 de octubre de 2019

El otoño: el estacional y el de la edad.



Hacerse mayor es estar en un desajuste continuo, es que nada te venga bien, es una pataleta infinita porque el mundo está loco, es llorar sin motivo, es no ser capaz de guardarte un “te vas a la mierda, porque lo digo yo, y punto”, es querer matar y abrazar a la vez, es un regreso a la adolescencia con un cuerpo que cruje y se niega a obedecer órdenes, una mierda como una casa, vamos.









Esta mañana,  mientras conducía para el trabajo, he visto a un adolescente con chaquetón y (¡atención!) gorro de lana, un señor paseando al perro con un polar, una señora saliendo de la panadería con una rebeca gordita, y dos niñas de colegio con la falda del uniforme ultra corta,  sin calcetines ni medias ni nada, pero con un plumas por arriba, y yo,  con un blazer y unos vaqueros, estaba asfixiada. 
Ya cuando me he levantado, y a pesar de tener todo abierto, he notado que el frío no termina de llegar, pero al ver a la gente por la calle abrigada, he pensado que me hago mayor, que los sofocos se están apoderando de mi persona y me ha entrado más calor. Así que, he descubierto que hacerse mayor, es (entre otras mierdas) que te entre calor, porque tienes calor y así en un bucle infinito de sofocos y abanicazos varios.
La naturaleza en muy cruel”, he pensado, pero luego,  en un alarde de optimismo que, ni en la casa de la pradera, he llegado a la conclusión, de  que los desajustaos son los demás, que la gente se ha comprado ya la ropa de invierno y no se pueden esperar a que llegue el frío,  que el otoño es al raciocinio estilístico lo que las hombreras ochenteras al buen gusto, y he sonreído, feliz,  por mi triunfo.

Primera batallita de señora mayor ganada por hoy: la gente es muy mamarracha.


Por otra parte, me molestan cosas que nunca me han importado: la gente sin sangre, la que siempre está cansada, la gente que se queja del calor del verano (y no sale de casa ni a tomar una cerveza) y de las lluvias (escasas) de invierno (ídem), que se resfría si bajan tres grados las temperaturas y se escucha y se cuida mucho, muchísimo, porque no tienen nada más qué hacer. Son los mismos a  los que les cuentas,  los malabares espacio-temporales que haces para sobrevivir al día a día y te dicen, “bueno está bien, con que descanses un par de horas los domingos, es suficiente”


¿Perdoooooona?, que pasas al lado de un ventilador y estás tres días en cama, que vas a comprar al súper un día, y descansas cuatro, ¿en serio?,  ¿te atreves a decirme que dormir seis horas al día y no tener ni media hora de descanso diario es suficiente?,

¡qué cantidad de guantazos tengo pendientes!















Ser mayor también es volverse un poquito agresiva, de momento de pensamiento y de palabra,  veremos si de acción también.  Aún no he llevado a la práctica ninguna de las pataditas voladoras a la yugular, que tengo en mente, así que, se puede decir que, teniendo en cuenta, que me liaba a bofetás y me quedaba sola, soy una persona pacífica


Segunda batallita ganada: he pensado en pegarle a mucha gente y no lo he hecho.


Cada minuto que pasa, me molestan más las tonterías, las risas (que se oyen en Tanzania),  las bromas absurdas (siempre las mismas), las ganas de ridiculizar a los demás y las conversaciones de hormonas con patas de mis compañeros, es como volver a los quince años, pero con la experiencia de los casi cincuenta. 
Pero como a pesar de querer quitarme el tacón y darles, no lo hago, puedo decir que he ganao (hoy, mañana no se sabe) la tercera batallita: aún no los he mandao de vuelta al Instituto.


Pues eso, que lo mismo soy una asesina en potencia, que me echo a llorar con un video de gatitos.
¡Ahí queda eso!.

 

viernes, 11 de octubre de 2019

El cristal con que se mira

Arena de la playa vista con microscopio.

En la vida todo depende del cristal con que se mire.
Jordi i Serra Fabra es tartamudo y terminó siendo locutor de radio, además de escritor.
Sufrió acoso escolar,  y nadie confiaba en que llegaría a nada en la vida.Convirtió todos los elementos que tenía en contra,  en ventajas para avanzar y llegar a ser quien quería ser.
“Os diré algo: cada golpe que recibí me hizo más fuerte. Tenía un sueño; quería ser escritor. Así que,  recibí muchos golpes y me los tragué. Y esos me hicieron más fuerte. Nunca pudieron conmigo. Un día llorando en casa descubrí que había una persona que sí creía en mí. ¿Sabéis quién? Yo. Es suficiente”.





Él  nunca se vio como un niño tartamudo que no  lograría nada, se vio como lo que era, uno de los autores más leídos en literatura infantil y juvenil en castellano.









 Usó las lentes de ver lo que nadie más veía. ¿Por qué no usar nosotros también unas gafas con cristales rosas?
¡Buen fin de semana.!



lunes, 7 de octubre de 2019

Respetando..( que va ser que no)

Tengo una par de dudas existenciales sobre ciertas faltas de respeto que, por tener muy normalizadas, pasan desapercibidas:
“¿Por qué hay gente  que, a pesar de tener a su interlocutor a medio metro, grita como si estuvieran cada uno a un lado de una colina?”.
A ver, una de las cosas que peor llevo en este rollo de tener que vivir en sociedad, es el ruido en general, y el volumen de voz (una voz en concreto) en particular.
Mis compañeros son rarunos , inmaduros,  a veces divertidos,  colgaos, brillantes en lo suyo, y ruidosos, muy ruidosos, hasta un punto de decibelios que yo desconocía. Lo cual,  me parece una falta de respeto hacia los compañeros que compartimos espacio con ellos,  (en realidad solo yo, porque soy la única que no grita).


Hablan que parece que están arreando vacas.. Hay uno en concreto, que se ríe como una puñetera foca (no le falta ni palmotear, porque ya lo hace) y por más que lo intento, no consigo dejar de imitarlo por lo bajinis,( cualquier día,  me descubre y la liamos).
Se comunican como si estuvieran hablándole a Inmanol Arias en el anuncio de los audífonos, o no tuvieran los conductos limpios, de verdad que no lo entiendo, así es imposible mantener la cordura.




Por otra parte, son un poquito inmaduros, (del  tipo niñatil). A saber, tienen un grupo de  WhatsApp hace miles de años, y no me incluyen,  para poder mandar libremente, fotos de señoritas desnudas, y hablar de sexo, como lo haría un grupo de adolescentes,  para quienes la práctica es una novedad.
Mi intención no es hacer amiguitos, (ya los traigo de casa), pero si me hubieran dejado fuera porque no les caigo bien, me parecería más maduro y honesto que sólo porque soy mujer y responden a una absurda premisa de los niños con los niños y las niñas con las niñas.
He dejado de desayunar con ellos, porque puedo aguantar comentarios obscenos sobre las tetas o el culo de una mujer un día, pero no todos los días y la pregunta es. “¿Qué coño les pasa a los tíos con el sexo?” .

Mientras siga habiendo señores que no encuentren nada malo en reenviar una foto de una señorita desnuda (sin permiso), como algo muy gracioso, desafortunadamente, habrá mujeres  como  Verónica de Iveco, que no vean más salida que marcharse de la tierra, ante una situación insostenible.


Otra falta de respeto es referirse a sus parejas como “mimujé” o “la parienta", pregunto: ¿por qué?, ¿no se saben los nombres , o qué?, ¿ese posesivo no es un poquito Pedro Picapiedra?
Dejando a un lado de la carga despectiva que lleva ese la parienta, el posesivo, me chirría mucho, mucho, además del uso del sustantivo mujer como definición de un tipo de  relación: obsoleto, cutre y cavernícola.
A veces pienso que me he colado por un vórtice temporal y he aparecido  la España más casposa y patética del destape y el landismo.





Otra duda es: ¿de verdad me tengo que enterar de las deposiciones de los bebes ajenos?
Mantener conversaciones con la familia, (en un espacio común y usando  la línea de la oficina), sobre las cacas del bebé o las veces que se despertó en la noche, me parece innecesario.
Es un exceso de información que yo no necesito ¡coño,  manda un puto mensaje, joder, que a mí que la niña cague verde me viene dando igual!



¿Por qué hay gente a la que hay que pedirle lo mismo más de una vez? No puedo, si tengo que hacer mi trabajo y fiscalizar el de los demás, no voy a poder con la vida, de hecho, no puedo.
Es una falta de respeto que tenga que andar detrás de la gente para que haga su trabajo, al menos la parte que afecta al mío, no hay nada peor que no poder terminar  algo, porque alguien no ha hecho bien su tarea.


Igual la rara soy yo, igual soy muy fácilmente perturbable, pero prefiero mis rarezas a esta falta de sentido común tan absurdamente común.

 Respect, en general en la vida, como premisa básica de educación, por favor.










jueves, 3 de octubre de 2019

El desajuste del termostato.

Pues resulta que,  aparte de trabajar con  la alegría de la huerta, un airgamboy, un primo hermano de Shreck, un hobbit de la tierra media, un surferito-mono, un señor raruno, y un runner convencido de que está güenórrimo, ahora también comparto horas (unas cuantas) con  un desajustao-corporal.
Muy calurosa no soy, (salvo por esos ocasionales golpes de calor de señora mayor, que no hay por qué airear) pero sobrellevo el aire acondicionado, porque entiendo que la gente normal tiene sangre, y la sangre quieras que no, da calor.






Pues hete aquí, que el desajustao, llega a las ocho de la mañana (a las siete en verano)  en el mes de octubre, (que ya venimos con una cazadorita), se va  directo, con el dedo en posición desde el pasillo, (apuntando al teclado desde su casa el muy  lacio)   y pone el aire (sin preguntar ni ná)



En ese momento,  en mi  cabeza,  empiezan a sucederse pensamientos del tipo



tío más anormal
nos cargamos el planeta
mi hijo con 15 años  tiene más conciencia ecológica
este es idiota
será capaz luego de llevar una camiseta de "salvemos el planeta"
so pedazo de cazurro, a ver si te pillas una pulmonía que te deje en cama unas cuantas semanas
valiente cateto
 mira que es  tonto el chaval
le daba yo un guantazo a mano abierta que lo iba a dejar inconsciente
a este lo cojo en una esquina y lo majo a palos






…y algunas  barbaridades más,  que no procede publicar, no sea que me  cierren esto por terrorista verbal.




Pero lo mejor del asunto,  es que, a las doce o la una,que  es cuando hace calor,  y entra por los paneles de cristal el solano a plomo, va el rarinchis este, apaga el aire y se pone una rebequita negra.¡Mecagüentó!, voy a morir este año, no creo que mi cuerpo oxidaíllo aguante estas calamidades en forma de montaña rusa de temperaturas  extremas.









Resumiendo mucho, tengo una prueba evidente de que el cambio climático es real, a este chaval se le ha desajustao el termostato, y parece que es una tara irrecuperable.



 Yo intento ser zen de verdad, pero no me dejan.