martes, 24 de enero de 2012

Cosas que nunca aprendí.

Y he sobrevivido. A pesar de no tener ciertas habilidades físicas, he tenido una infancia feliz y soy una persona bastante equilibrada.
Los psicólogos infantiles, se empeñan en asociar habilidades psicomotrices con habilidades mentales, si el niño no evoluciona en un terreno no lo hace en el otro.
Pues yo creo que no siempre van unidas, porque hay muchas cosas que nunca supe hacer  y no creo que eso suponga en mi vida nada especial, aparte de algo puramente anecdótico con lo que todo el mundo se ríe muchísimo.
-Nunca supe hacer el pino, ninguna forma de pino (ni pino puente, ni pino normal ni nada, los pies siempre en la tierra) y estoy bien, emocionalmente estable (demasiado) y sin ningún problema de aprendizaje, creo.
-Nunca salté el potro de tortura, (ni el plinto) me ponía la última de la fila y esperaba a que el profe estuviera distraído para volver al final y pasar así toda la hora. Fue complicado, pero desarrollé grandes habilidades mentales inventando excusas para no asistir a clase de deporte.
-Nunca he sabido jugar al elástico, me pasaba el recreo sujentando la goma, porque para mí el tres de mis amigas era una barrera infranqueable, pero nunca me sentí desplazada o inferior, era y soy bajita, ¿y qué?.
-Tampoco he saltado nunca a la comba más de dos saltitos a pesar de que me la ponían baja.
-Creo que nunca he llegado a tocarme los pies sin doblar las rodillas, y aún no me han echado del planeta.
-En general soy bastante torpe con los deportes de balón, como atleta no estaba muy mal, pero si se trata de pillar el balón al vuelo, soy incapaz. Si intento atrapar un balón lo más seguro es que se me estampe en la cara o en la cabeza. Y tengo comprobado que aunque intente refugiarme, el balón siempre me busca a mí
-No sé bailar (afortunadamente) esa canción machacona de Coyote Dax " No rompas más....". Y cuando suena en una boda y/o celebración me quedo sentada.
-No tengo compás y no sé tocar las palmas ni por sevillanas, esto aunque es difícil de llevar en feria, tampoco es imposibilitante de nada.
No tengo intención a estas alturas de aprender nada de esto, con las edades que vamos manejando y la escasa forma física que tengo, lo veo un poquito difícil, pero al menos lo reconozco, forma parte de mí y como no me importan  demasido mis penosas habilidades físicas, admito comentarios.
Por si estuviera o estuviese relacionado, y los pedagogos y psicólogos infantiles tuvieran razón, diré que si en algún momento de mi vida he sabido hacer una raíz cuadrada, aparte de la de 25 y 36, hoy no recuerdo nada. Y para cuando Álvaro las aprenda en el cole, tendré que ver un tutorial de esos de You Tube para que el chiquillo no se lleve el disgusto de que su madre aparte de ser incapaz de darle una patada a un balón, no maneja muy bien las mates.
Hay miles de cosas que no se hacer (pero hay otras que hago muy bien) claro que, visto así parezco una patosa, pero de verdad que no lo soy tanto, hace tiempo que no me quedo engachada en el pomo de la puerta...


martes, 17 de enero de 2012

Nobleza obliga.

Cuando Isabelita Jácome de Grosso fue invitada a la boda de la Duquesa de Osorio con el Conde de Mendoza, pensó que nada en el mundo le impediría asistir a tan noble acontecimiento, sabía que la Casa Real mandaría una representación, seguramente una de las Infantas, y no se hubiera perdido eso por nada del mundo. Ella ,aunque arruinada hacía ya  varias generaciones, era Grande de España y era socialmente inconcebible haber faltado a aquella ineludible cita.
El marido de Isabelita, Juan Manrique de Lara, que en los largos y tediosos años de matrimonio nunca había pronunciado más de tres  palabras seguidas, no se mostró especialmente entusiasmado, pero tampoco había dado muestras de ningún tipo de sentimiento en todo ese tiempo, nunca. Juan estaba sentimentalmente muerto.

Desde que supo que asistiría  a esa boda, Isabelita buscó y buscó por todo Madrid el mejor modisto, el mejor estilista y los mejores profesionales del mundo de las apariencias para lucir perfecta.
Poco importaba estar arruinada, no le dolió nada  pedir un préstamo de esos que anuncian en la tele, sin preguntas y en 24 horas. En el banco hacía tiempo que no le daban ya ni los buenos días y este de la tele, aunque con un interés altísimo estaría en su cuenta enseguida, y no había tiempo que perder.

Cada semana, durante dos meses  iba a Madrid desde Sevilla a probarse el vestido y a supervisar  la confección  del tocado que le estaba haciendo artesanalmente la mejor diseñadora de Madrid. Buscó los  zapatos más caros, el bolso más fashion, pidió  a un afamado estilista qua viajara a Sevilla  con su equipo para peinarla y maquillarla. La desorbitante cantidad que pidió Angelo di Bocca no fue en absolutoa disuasoria para ella, que estaba dispuesta a eclipsar a la novia a toda costa.
La noche antes del feliz (o no) enlace, Isabelita tomó un somnífero y se fue temprano a la cama, para no tener ojeras, Juan dormía a su lado sin mostrar de nuevo ningún entusiasmo especial ante el enlace. Isabelita dió vueltas y vueltas en la cama, pero no podía dormir, Juan estaba más rígido de lo habitual, más frío de lo habitual.

- Ah no!, pues si te has resfriado te tomas algo y ya está, a mí no me estropeas mi  momento...

Juan no contestó, como no contestó a los empujones, a las vueltas, a los bufidos de Isabelita que a pesar de la tisana y del somnífero no podía dormir y le preocupaba más que ninguna otra cosa en el mundo que como consecuencia de la falta de sueño tuviera ojeras y la piel apagada al día siguiente.
Por fin amaneció. A las siete y media de la mañana sonó el timbre de la puerta, era Angelo. Isabelita salió de la ducha en albornoz y abrió la puerta sin mirar a Juan, que seguía rígido en la cama.
Cuando estaba casi lista, pidió a Angelo que lo despertara:

- Angelo amore, despierta al zafio de mi marido o llegaremos tarde, sería capaz de cualquier cosa  por fastidiarme el día.

 Y eso fue lo que intentó el estilista, despertalo, pero Juan no despertaba, yacía en la cama quieto, plácido, esbozando media sonrisa, muerto.

- ¡¡¡¡Isabel, has dormido con un muerto!!!!.

He vivido con un muerto,toda mi vida, seguro que lo ha hecho para fastidiarme. Anda, ayúdame a ponerme el tocado, no puedo llegar después de la Familia Real. A mí este no me fastidia mi gran día.

Y así fue como Juan Manrique de Lara que no había sido protagonista de su vida, tampoco lo fue de su muerte.




sábado, 7 de enero de 2012

Las pelotas y otras paramnesias navideñas.

La Navidades han terminado, ¡por fin!,  y han traido consigo, como siempre, unas  situaciones que inevitablemente se repiten cada año, quiero creer que en todas las familias, en la mía desde luego, vista una Navidad, vistas todas.
Os pongo en antecedentes: el marido de mi hermana, tiene como única familia cercana a una tía soltera, maestra jubilada para más señas, a quien o bien le gusta mucho cocinar, o tiene mucho tiempo libre, o las dos cosas y como está sola, pasa siempre las fiestas con nosotros.
Todos los años,  durante la cena a mi padre le entra una especie de estrés impresionante y se empeña en hacernos comer en un tiempo record seis o siete clase de entrantes distintos y unos tres platos principales (falta de coordinación y de comunicación familiar que se llama), no te ha dado tiempo a meter mano a un plato cuando ya  te está achuchando el otro, pero lo vamos calmando poco a poco (hemos pensado en  un lexatin en la copa, pero no tenemos muy claros los efectos secundarios).
Todos los años, ante los nivelazos de estrés que se manejan, mi hermana pequeña comenta:
- Esto es un deja vu, ¿no?, (dudo que sepa lo que significa, pero ella lo dice), el año que viene pido una guardia..
Todos los años mi hermana mayor compra un tronco de Navidad que nadie, excepto ella prueba.
Todos los años mi cuñado atenta contra alguien con el tapón del cava.
Todos los años mi sobrina que ya tiene doce años empieza a anunciar actuación desde el puente de La Inmaculada para al final, dejar que le roben protagonismo las gemelas.
Todos los años mi hermano hace el mismo comentario.
- Está claro que pal tema del artisteo no servimos ninguno de la familia.
A lo que mi hermana (orgullosa madre de las debutantes) contesta:
- Ni falta que hace, con las notas que sacan, además mis niñas son muy graciosas.
A estas alturas el abuelo con la excusa de probar todos los vinos anda ya jaleando a las niñas  y a punto de arrancarse a bailar, mi hermana la menor  taconeando y jaleándose sola ( según ella enseñándole compás a las niñas), mi hijo pone cara de "yo a estos ni los conozco, ni nada" , mi madre está como una amapola por el aire acondicionado o por la vergüenza ajena y la tía soltera descojoná de risa diciendo: - ¡que arte, que arte!.
Todos los años el día de Navidad la tita trae para almozar cocido de pelotas, algo que debe ser muy típico en el norte y que según dicen trae buena suerte.
Así que todos los años, pruebo aunque sea un bolondro a medias con mi hermana, algo testimonial para que la suerte no pase de largo.
Todos los años en Nochevieja me atraganto con las puñeteras uvas, mientras mi madre mete un anillo (o dos) en la copa, adelanta  o levanta el pie derecho, esconde una hoja de laurel en la mano da un saltito y hace todo lo que dicen Rappel o Esperanza Gracia (este año lo que diga la Panto).
Todos los años en Año Nuevo,  la títa soltera trae lentejas para almozar, porque "el que no come lentejas el uno de enero, que no se queje si le falta el dinero" así que, como Tara no ha vuelto a dar señales de vida y ante la  velada amenaza de arruinarme o de que me caiga una maldición, me como  las lentejitas.
Todos los años se discute sobre que ponerle a los niños en Reyes delante de ellos, y por más que mando a callar, no consigo que disimulen un poco, desde luego si los niños no se han enterado ya es porque no han querido...somos muy malos actores en mi familia, está claro: pal artitesteo nadie.
Todos los años en Reyes mis padres ponen los regalos la tarde del día cinco, cuando pasa la cabalgata por su casa, así que desde las siete de la tarde hasta las ocho y media que es el tiempo que se tarda en recoger y saludar, mi padre nos mete  canapés, medias noches, ensaladilla, sandwiches variados y todas las tapas frías que se le ocurren para un rato después hacernos comer Roscón de Reyes, los polvorones que han sobrado y una copa de  cava y/o un  anís, y todo esto montando los juguetes que ya les vale a los señores fabricantes, lo que se tarda en montar cualquier chisme.
Todos los años hay que salir al chino a por pilas de varias clases.
Ya digo yo que , vista una, vistas todas, el año que viene más y lo mismo.