martes, 27 de noviembre de 2018

La olla a presión.

A mí la olla a presión, toda la vida me ha impuesto mucho. La magefesa de asas negras en la que hacía mi madre los pucheros, me horrorizaba, porque cuando se quitaba el pitorrito (fijo que tiene un nombre técnico menos guasón) aquello empezaba a girar,  soltando vapor,  a lo bestia, que parecía que iba a echar a andar como una locomotora. 
Siempre la asociaré a las paredes de gotelé, a los teléfonos de rueda, a  los cuadros esos de familias que los mires desde dónde mires, te están mirando  y al espíritu de los Alcántara (no preguntéis, cosas de majareta).

He tenido alucinaciones (o visiones nefastas recurrentes) de la olla estallándome en la cara,  desde siempre, por eso la uso muy poco. Si la pongo, cuando le levanto la valvulita (sí, tiene nombre), salgo de la cocina al grito de cuerpo a tierra,  y cierro la puerta, no sea que estalle o algo. 
Me visualizo a mí  misma recogiendo restos de olla y de garbanzos por todo el pasillo, sangrando por algún sitio, con todos los cristales de las casa rotos, como si hubiera estallado una bomba y lamentando la torpeza de no ser capaz de poner un guiso de madre.
(Sí, soy muy exagerada, pero una lee cosas en internert, y  lo que me imagino es como un campo de batalla de morcillas, garbanzos y  restos de metralla magefesil)
Meter un guiso a una presión superior a la atmosférica, a mí particularmente, me parece un riesgo innecesario, si puedes hacer lo mismo con la olla sin cerrar, aunque te lleve más tiempo.


La mente es muy parecida a la olla a presión, hay límites que no se pueden sobrepasar. A veces,  lo que te hacer estallar es una tontería, pero ya el pitorrito lleva un rato aguantando muchas  presiones (leáse aguantando gilipollas por encima de mis posibilidades).
A  veces,  me  siento como la magefesa,  basta que me toquen un poco las narices pa empezar a girar sobre mi misma con una perfecta loca.



miércoles, 14 de noviembre de 2018

Gracias, guapete.

Ayer la vida me brindó la oportunidad (gracias, vida) de ver a una madre y a su hija adolescente llegar casi a las manos por una tontería en er vivo y en el  directo.
La situación transcurre más o menos así:
Reunión de madres (y padres, pero  sólo había uno, un campeón, el tío) delegadas.
La hora de la convocatoria era un poco después de la salida de clase de los niños. 
A casi nadie le da tiempo de llevarlos a casa y volver.
Estamos esperando en la puerta del cole, madre delegada loca, madre anónima no delegada , padre triste no delegado, y yo.
Mi hijo pasa  por mi lao, como una exhalación, vamos, que casi no lo veo. 
Si no es por padre triste que me dice,” mira corriendo pa estudiar va el tuyo”, se me escapa del todo.
Aquí me descojono, pa estudiar, si, pa estudiar…
El niño emite un sonido gutural, que yo, que soy su madre  y me costó muchas horas traerlo al mundo,  interpreto como “hola mami,  que guapas estás, te veo en casa en un rato, te quiero”.
La hija de madre delegada entra en escena y  exige a su progenitora que la lleve a casa de la abuela ¡YA!
Madre delegada se pone nerviosa y como una amapola.
Siento un amor inmenso por mi hijo y su pasmoso pasotismo.
Madre delegada implora a adolescente exigente que haga el favor de quedarse por el cole.
Niña petarda dice que no.
Madre delegada empieza a subir el tono de voz
Niña petarda da dos pataditas en el suelo y sale corriendo.
Madre delegada corre (torpemente)detrás.
Me siento incómoda, pero vuelvo a dar las gracias mentalmente a mi hijo por pasar mucho de mí.
Madre delegada pasa la reunión incómoda  porque niña petarda se ha pirado.
Llego a casa y le doy un achuchón al bendito adolescente que no se mete en nada.
Madre delegada me llama avergonzá por la actitud de niña petarda. Casi llora, no sabe qué hacer.
Vuelvo a sentir una gratitud inmensa hacia mi  rubito, que me quiere aunque me haya tenido que explicar que XD no es por dios (años pensando que si) y  que LOL es ( lauhing out loud).
Gracias por ponermelo fácil, guapete!