martes, 26 de marzo de 2013

La Pandilla




Según la Wikipedia:
El Tabanco es un establecimiento surgido en Jerez de la Frontera y que mezclaba el concepto social de la taberna y la vocación comercial de "despacho de vinos", principalmente Jerez y sus destilados. En dichos establecimientos se vendía vino a granel además de poder degustar el vino y otros alimentos en el mismo local.
Durante algunos años, (los que tenemos más de 40, lo sabemos) estuvo muy de moda entre la juventud empezar la noche en un tabanco (mucho más genuino que en un parking).
Se tomaba morenita ( una mezcla de Pedro Ximénez y Oloroso), servida en vaso bajo (vasuco).
La ausencia de música (si había se ponía a un volumen normal de persona-no sorda), invitaba a la conversación, decoraciones sencillas, precios más que asequibles, ambiente familiar, todo hacía que la obligada visita al tabanco fuera, seguramente, la parte más agradable de la salida nocturna (al menos para mí, que no soporto ir a un sitio para no poder hablar).
Últimamente se han vuelto a poner de moda (seguramente, efectos colaterales de la crisis) y proliferan por los jereles los tabancos de antaño, con su decoración de tasca,  con su sabores añejos y con su cante por bulerías por lo bajini al compás de las palmas y de los nudillos.
El pasado viernes,  se  re-inaguró la Pandilla, refugio de nostálgicos y lugar de culto de los amantes del jerez auténtico, un sitio con solera, llevado por güena gente, un lugar para volver.
Como ya vamos manejando unos añitos y se nos va yendo el alma para atrás, lo de recordar (o en palabras de Galeano volver a pasar por el corazón) es un ejercicio altamente recomendable para compartir con la familia y los amigos, con un vasuco de morenita y al compás de una bulería.

lunes, 25 de marzo de 2013

La pesadilla.

Recogió las piezas rotas del frutero, con las manos temblorosas, por el miedo. Limpió la sangre y se llevó a la basura, con los restos de la batalla, su maltrecha dignidad.
Todos le habían dicho muchas veces que lo abandonara, que no era una buena persona, pero ella tenía miedo. Un miedo descomunal, irracional, un miedo que nadie podía imaginar. Nunca había tocado a los niños, pero amenazó miles de veces con hacerlo si se le ocurría denunciar ¿qué podía hacer?.
Las palizas cada eran más frecuentes, cada vez era menor la chispa que hacía encender su ira, cada vez estaba más cansada, las cicatrices del alma son muy difíciles de borrar...
Pocos días después, su hijo mayor volvió de clase temprano. Se encontró a su madre inconsciente en el suelo, sobre un charco de sangre, su padre estaba borracho o drogado y dormitaba delante de la tele...
Se la  llevó al hospital, pidió a unos vecinos que se encargaran de los pequeños y llamó a una asociación de ayuda a mujeres maltratadas que había visitado a su madre en un par de ocasiones y había dejado un folleto. Se encargó de todo: tenía cartorce años, pero salvó a su madre de una muerte segura, se hizo mayor en una tarde y aprendió a callar...
La madre fue mejorando poco a poco, la visitaban en el hospital las vecinas, su familia, las mujeres de la casa de acogida, nadie le hablaba del maltratador. Cuándo por fin se recuperó, supo que lo encontraron muerto con un disparo en la cabeza de una escopeta de caza. Cualquiera pudo haberlo hecho; no tenía muchos amigos, la policía lo consideró un suicidio, y tampoco investigó mucho. Caso cerrado.
Pero ella, algunas noches,  cuando los recuerdos de las palizas, no la dejaban dormir, veía cómo su hijo disparaba a su padre y era ella, ella misma, quien como flotando en el aire, limpiaba la zona y lo preparaba todo para que pareciera un suicidio...."es una pesadilla, mamá", le decía su hijo....
En realidad la pesadilla fue vivir con él, en realidad la pesadilla ya había terminado, ya sólo quedaban las secuelas, en  realidad ,seguramente, alguien más sabía su secreto, pero después de todo ¿quien puede culparles?.

martes, 19 de marzo de 2013

Un gran final.

María Cristina Fernanda Esmeralda de la Soledad Rodriguez, llevaba ya varios años viviendo en España. Había huído de su Colombia natal en busca de un futuro mejor, y lo tuvo: sobrevivía (de hecho vivía más que bien) gracias a su don: podía predecir el futuro, y no un futuro cualquiera: el futuro a largo plazo de la Humanidad (ella era vidente del tipo Nostradamus, vamos).
Un día, estaba en la cocina de su casa preparando café, cuando le vino una visión, (lo de predecir el futuro funciona así, de repente viene una visión), pues estaba ella en la cocina cuando vió el fin de la Humanidad. Un fin, fin, como en las pelis americanas; con su destrucción de ciudades, su desbordamiento de ríos, sus meteoritos, sus animales corriendo por la ciudad, sus rayos, su oscuridad...un final de los apocalípticos. Para afianzar la nefasta predición,  comenzó a sufrir taquicardias y sudores fríos, ¡¡¡es el fin , es el fin!!!" , decía mientras su marido miraba atónito, como se le caía el café y daba vueltas como un animal enjaulado.
Para cuando logró recuperarse un poco, su marido ya había llamado a su suegra, a quien, por imperativo de su señora se habían traído también de Colombia. Ella era la verdadera dueña de los grandes dones familiares: vidente, médium, charlatana de profesión y toca pelotas de vocación, amenazaba a diario con instalarse definitivamente en el chalé familiar.  Pero claro, Bonifacio Antonio del Carmelo Martínez, nunca dijo que no aguantaba a la progenitora de su amantísima, como tampoco dijo que le molestaba muchísimo que madre e hija  (cuyos traseros juntos ocupaban toda la cocina) decidieran todo por él,  por el simple hecho de que podían ver el futuro (no estaba muy convencido de esto último, pero como el hombre discreto que era, nunca dijo nada, por si acaso era verdad y le hacían un conjuro o algo).
Cuando la señora madre llego a la casa, se encontró un panorama inquietante: su hija estaba con los ojos en blanco mirando al techo, como poseída, y su yerno ( el blandengue de su yerno) se escondía detrás de la mesa de la cocina sin saber que hacer...
Madre e hija habían visto el mismo final y ambas sabían que había un lugar en la Tierra, un único lugar en el que unos pocos, sólo unos pocos elegidos, podrían salvarse de la devacle: el Peñón de Gibraltar. Como ambas en su visión habían obtenido nombre y apellidos de los elegidos (básicamente clientes), empezaron una loca carrera de llamadas a personas (curiosamente, todas de su entorno), ayudadas por unos cuántos amigos que, como ellas, leían las cartas a altas horas de la madrugada desde canales de TV locales a insomnes crónicos.
Vino gente de Colombia que se gastó sus ahorros a cambio de sobrevivir al Fin del Mundo. Los clientes, los insomnes, acudieron convencidos de que alguien los había elegido para perpetuar la especie, porque el Plan incluía unos rituales de apareamiento ( digamos que, peculiares) dirigidos por la Líder de los Supervivientes de los Últimos Días (que así era como se hicieron llamar).
Y allí estaban ellos, gente superticiosa, con poca o ninguna cultura, que deseaba salvar a sus familias del gran final a toda costa,  compartiendo espacio con los monos (con la mala leche que tienen los jodíos) en la zona alta del peñón, esperando a que el sol se apagara,  la luna se desdoblara y llegara el fin: la limpieza de la raza humana, la señal definitiva de que ellas (y nadie más que ellas) eran las verdaderas elegidas para conducir a la humanidad (lo que iba a quedar de ellas) por el buen camino.
Y esperaron las señales...
Esperaron...
Esperaron....
Esperaron...

lunes, 18 de marzo de 2013

Primavera en la ciudad

Las siete de la mañana. Una luz especial se filtra por las rendijas de la persiana. Abro las ventanas, el sol entra a raudales (a pesar de la hora). Cantan los pajarillos, la casa se llena de una hermosa luz dorada,  sin matices grises.
La primavera en el sur tiene un color especial, un olor especial. Huele a la flor del naranjo, a aire limpio y puro, se nota el perfume áspero de las gitanillas en los balcones, el aroma dulzón  del incienso que se quema en algunas iglesias, un batiburrillo de olores y sensaciones que hacen que hierva la sangre y nos cambie el ánimo a todos.
Como siempre, la primavera ha llegado  sin avisar, de repente. Como siempre nos ha pillado el increíble azul del cielo por sorpresa y nos ha cegado la imponente luz del astro rey.
A ver si la nueva estación barre todo lo que ha dejado el triste y gris invierno, y nos quedamos sólo con la animosidad que da levantarse en un día como el de hoy.
En días como este, parece que, como decía Benedetti. " Se ve más bonito el invierno desde la primavera".

 
 







lunes, 11 de marzo de 2013

La princesa se emociona (eso dicen)

Dicen que la siempre segura y sencilla Doña Leti se ha emocionado. Ella, profesional como la que más, ha presidido en el Senado un emotivo acto en conmemoración del Día Mundial de las Enfermedades Raras, y al igual que muchos de los congregados en el antiguo salón de Plenos de la Cámara Alta, se le ha visto cierto atisbo de turbación con el testimonio de enfermos y padres de afectados por estas dolencias. (Eso cuentan las crónicas, porque con esa cara de todo postizo, poco o nada se le nota).
Si es verdad que se ha  conmovido por el caso de un niño afectado, vamos a darle un aplauso muy, muy fuerte, vamos todos!!!, se lo merece por tener corazoncito!!, que mona es ella!!!, que además de ser la mejor en todo lo que hace, se emociona!!!!, vamos a gastar minutos de televisón en elogiar tamaña proeza!!! uuuhhh, esa Leti como mola, se merece una ola, uuhhh, y un tsunamiiiiii, uuuhhhhhh!!!!!!
Enfermedad rara, tenemos todos los que aguantamos impasibles esta cantidad de tonterías sin ir a la Zarzuela y dar tres gritos.
Que sigamos dándo de comer a esta panda de idiotas, (mezclados entre ellos, que bastante que no se les cae la babita, bueno a la fea se le caían los velones de  mocos en la inaguración de Barcelona 92), cada vez son más y más chorizos, coño que estamos alimentado al Leandro!!! hay que joderse!!!.
A ver si se nos enciende la luz y se nos ocurre algo, porque esto ya es demasiado. Hace unas cuántas décadas lo mismo tenía sentido que la prensa informara sobre estas tonterías. Pero ahora, en una España de más de 5 millones de parados, una  España de sobres y Urdangarines, una España de desahucios y suicidios, el  insultante  hieratismo de la princesa, sobra. No nos interesa la lagrimita, queremos ver acciones. Queremos que se ajusten el cinturón ellos también (todos: gobierno y monarquía) y ayuden a salir de la crisis a la gente real, algo se podrá hacer. Lo que no soluciona nada es hacer una escapadita, (el Borbón chico) por el estrés (esto es muy de pijo, los pobres tenemos problemas, depresiones, ansiedad, trastornos varios, facturas sin pagar, recibos devueltos, pero no estrés).
Queremos un cambio y que esta tontita  llore un poquito no nos soluciona nada.


viernes, 8 de marzo de 2013

Ser mujer y...no morir en el intento

Hoy es el día de la mujer trabajadora. Particularmente, opino que, mientras siga existiendo un día de la mujer trabajadora, no estamos adelantando nada, porque no hay un día del hombre trabajador, ¿no?. Es como el valor en la mili:  se le supone (por el simple hecho de ser hombre).
Y por cierto ¿qué es mujer trabajadora?.Dentro o fuera de casa, todas trabajamos, con lo cual, esta celebración es pelín arcaica.
Conmemora la lucha de la mujer por conseguir participar en la sociedad y en el mundo laboral en igualdad de condiciones con el hombre, ¿el hecho de que se todavía se celebre significa que aún no lo hemos conseguido?. No debería existir este día, porque no debería percibirse como algo extraordinario, deberíamos normalizar nuestro papel en la sociedad, y buscando y preguntando resulta que no está tan normalizado.
No sé, lo veo como una oportunidad más para que los políticos o políticas oportunistas hagan una apología de la mujer trabajadora en el siglo XXI, de la conciliación (que yo no la veo por ningún sitio), de que van a seguir luchando por nuestros derechos, bla, bla, bla... Un discurso, en fin, manido y poco realista, que nos lleva a preguntarnos si en realidad hay algún interés oculto en que no exista esa conciliación laboral (esto es como los billetes de 500€, hemos oído hablar de ellos, pero muy pocos los han visto).
Mientras tanto, los ayuntamientos, seguirán inagurando salones, organizando semanas de la mujer, y gastando el dinero de los contribuyentes, a cambio de ...¿de qué?, ¿de unos cuántos votos?.
No, no pueder ser que nos tengan por tontas, ¿o si?, ¿de verdad se creen que pueden insultar nuestra inteligencia de esa manera?. Quedan demasiadas cosas por solucionar, mucho por aprender de otros países europeos, demasiadas carencias en la lucha, mucho por andar, ¡tanto por lo que pelear! .
No, no creo que haya que celebrar que estamos trabajando, porque es nuestro derecho y porque lo hemos hecho siempre.
Y nos regalarán en la Asociación de vecinos un curso de Pilates y nos quedaremos tan anchas...
No creo que nadie esté por encima de nadie, creo en la igualdad real, en una sociedad en la que el hombre es igual que la mujer y la mujer igual que el hombre, en la que no se vulneran los derechos de unos para velar por los del otro. No estoy de acuerdo con esa premisa trasnochada de que no necesitamos al hombre para nada, ni tampoco en los hombres que no respetan a sus mujeres.
Si un hombre agrede fisíca o psicológicamente a una mujer, debe pagar por ello, pero también debe hacerlo una mujer en el caso contrario.
No estoy de acuerdo con considerar cualquier cosa violencia de género, con las mujeres que, para obtener mejores medidas en caso de separación se sacan de la manga agresiones verbales o físicas.
No creo que debamos aplastar nuestros compañeros (sólo a algunos) para subir nosotras, esa no es la lucha, debemos intentar crear una sociedad igualitaria, y mientras los niños jueguen a los policias y las niñas a las casitas, no habremos adelantado nada.
¿Qué pensaríamos si nuestra hija de tres años nos pide un camión para jugar?, ¿ y si es nuestro hijo de cinco años el que pide una cocinita?.
Pues mientras la respuesta sincera a estas preguntas no sea: no tiene importancia, estamos, seguiremos estando, cómo en aquellos años en la Alemania de 1911 cuándo la mujer empezaba a integrarse en una sociedad machista que dejaba un hueco pequeñito para que hicieran los trabajos menos gratos.

lunes, 4 de marzo de 2013

Flotar

Cerró los ojos. El sol se colaba a intervalos entre las ramas de los árboles, cuando la suave brisa las mecía y le cegaba. Era seguramente la primera vez, en su vida de adulto, que se tumbaba sobre la hierba a contemplar el cielo, y no sabía qué hacer. El viento traía el dulce perfume de las tardes de verano de su infancia, cuándo no existía la prisa, cuándo  podía pasar horas jugando en el patio, cuándo nada importaba, salvo la cabaña que construía en el jardín de sus abuelos cada verano y que nunca aguantaba la primera tormenta y sucumbía ante las lluvias estivales.
Oía a lo lejos el ladrido intermitente de un perro, y los gritos de júbilo de un grupo de niños. Ni siquiera sabía cómo había ido a parar a aquél paraje, lo último que podía recordar era que conducía (con prisas, siempre corriendo) hacía una reunión muy importante, hablaba por teléfono con su secretaria y atendía la voz metálica del GPS que le decía dónde debía torcer...
Y ahora estaba tumbado bajo un árbol, mirando el plácido cielo azul, tratando de adivinar formas en las nubes y recordando aquellos otros veranos. Alargó la mano y alcanzó una brizna de hierba que retorció entre los dedos y se llevó a los labios. El sabor fresco de la hierba le hizo sonrerir, sentía por primera vez en muchos años los músculos completamente relajados, no notaba las piernas, no tenía la mandíbula tensa; se sentía bien, no tenía la sensación (que le llevaba acompañando desde que empezó a trabajar para Rodrigo Pizarro, el magnate de la Publicidad) de llegar tarde a ningún sitio, de tener algo importante que hacer, sólo se sentía flotar y era, desde luego, muy agradable.
A ratos, le parecía estar en el pueblo de sus abuelos, tumbado sobre la hierba del prado, a ratos volvía a su despacho, a ratos veía aquél trozo de cielo azul. Le pareció oir una sirena, cerca, cada vez más cerca, gente que habla, mucho ruido;
-  Tráfico, varón, 40 años, posible traumatismo...
-  Abre una vía.., señor, señor, ¿me oye?, ¿cómo se llama...?, ¿siente las piernas?
Miró a su alrededor, tres personas, no,  cuatro personas, le hacían preguntas, le tocaban, le abrían una vía, le ponían una incómoda luz en los ojos.
 La ambulancia estaba parada con las luces encendidas junto a un amasijo de hierro color negro, ya no flotaba, ya no tenía esa placentera ilusión de absoluta relajación, de pronto recordaba lo que había pasado, se acabó el minuto de felicidad...sólo quería volver a flotar, volver a sentirse ligero, libre.....
- No entiendo nada...¿que pasa?
- Pasa, que nos hemos empeñado en arañar horas al día...eso pasa.