martes, 27 de marzo de 2018

"Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado alrededor de una realidad artificial”

Kafka






Y no hay nada que me acerque más al ser humano que soy, que equivocarme ( y asumirlo sin grandes traumas, claro).



jueves, 22 de marzo de 2018

De Intensidades y otras fuerzas.

Ayer leí un escrito de una mujer emprendedora, fuerte, valiente e invencible,  en el que se describía a sí misma como “emocionalmente intensa” (te tomo prestada la expresión, Marge de No Sólo Tours), y decía asumir las consecuencias de su autenticidad.
La entrega total, a alguien que te importa,  sin ambages, sin miedos, sin ningún tipo de recelo, es maravillosa desde el punto de vista de quien DA (y lo hace así en letras grandes y con mayúsculas), el problema es de quien no sabe recibir, de quien no puede entregarse en la misma medida e intensidad, de quien se pierde ante la nobleza de lo que se le ofrece (ya sea tiempo, apoyo, o amor) y no agradece el regalo que se le está haciendo.
Personalmente, no puedo evitar sentirme un poco defraudada  porque algunas veces, las personas que me importaron, no supieron,  o no quisieron, entregarme  lo que  esperaba recibir. Esa sensación de estafa, esa especie de desolación, ese visceral desconsuelo que se siente cuando la otra persona no responde a tus desvelos o preocupaciones de la misma forma, debería tener una única respuesta: la huida.
Me gusta la gente que tiene las mismas ganas de avanzar que yo, que se come la vida a mordiscos, que ama  a gritos, que siempre tiene un plan B, o  uno C, que se ilusiona, que llora, que se ríe  a carcajadas, que baila sin importar si alguien mira, que asume el riesgo de la desilusión o del sufrimiento, que se tira a la piscina asumiendo las consecuencias, que me acompaña en mi loca carrera de darme leches con los muros, que se apunta a lo que sea, con quien sea, que no deja nada para mañana, y que dice lo que siente (porque siempre es mejor queré,  que no dejarse queré).

Y como esto va de mujeres intensas, aquí una pinceladita de la única,  la intensidad hecha mujer,  siempre grande Lola (muero con ese psstss, jey)


¡Feliz Jueves!









martes, 20 de marzo de 2018

Parecías tonta...

He observado muchas veces que para prosperar 
en este mundo hay que tener aire de tonto,
pero sin serlo.”
Montesquieu






Creo que las palabras que más he oído a lo largo de mi vida han sido (en varias versiones):


¡Anda po yo pensaba que tú eras tonta! . (Manda güebs!, y esto lo dices tú que tienes un coeficiente intelectual de…)
Pues tú pareces más tonta. (O lo que es lo mismo, eres tonta, pero no tanto como pareces)
-Es que,  así de entrada,  parecía que ibas a ser muy tonta.  (Joder, pues espera a la salida).


Lo he  oído tantas veces  que,  llegué a interiorizarlo. 
Vale,  tengo planta de tonta, lo asumo, no pasa nada. En algunas ocasiones, puede resultar hasta ventajoso; cuando la gente piensa que eres idiota, se relaja  y habla con total impunidad, ya luego yo, que no soy para nada tonta, uso la información como me viene en gana.
El caso es que,  después de tantos (pueden ser miles) comentarios del estilo, ya había llegado a vaciar de contenido las dichosas palabritas y era como oír llover, pero hoy me he parado a pensar.
A ver, ¿qué tipo de tonta cree la humanidad que soy? :

Tonta de capacidades intelectuales, tipo paguita del estado.




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Tonta de pija, tipo París Hilton.




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Tonta, de torpe, tipo pegarse leches con las paredes (con las columnas del parking, a veces)



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Pues parece que (según la teoría de Monstesquieu) debo estar prosperando mucho, o voy a prosperar mucho,(en un futuro no muy lejano)  porque el aire (léase aire o huracán)  de tonta,   ya lo tengo.





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¡Feliz martes!



viernes, 16 de marzo de 2018

El vuelo de las mariposas

A veces me encuentro contigo 
cuando no te espero, 
tras la sorpresa me toca pensarte. 
Érase una vez este maldito cuento. 

Aún sigo creyendo en el polvo de las mariposas,  
no quiero unas alas que vengan ya rotas, 
el mar siempre supo guardarme el secreto. 

Él me pide su trozo de arena y después lo pervierte,  
vaciando montañas para cuando llegue 
aquella que le hace bajar la marea. 










Te sentí tan dentro que a veces 

presiento que estás a mi lado. 
Me gusta contarte lo que me ha pasado,  
hasta que descubro que he hablado sola. 

Llegó para irse como quien viaja a la cola del viento 
me hizo llorar al besarme muy lento, 
no habrá una ciudad donde no me emocione.

No pude dejarte la puerta entreabierta esa tarde,  

hacerte pasar para nunca agarrarte,  
ya sabes que a ratos resulto una idiota. 

Yo no pude meterte en la caja de historias pendientes, 
hablarte bonito mientras te me duermes, 
quedarme tu tiempo a cambio de nada. 

Te sentí tan dentro que a veces 
presiento que estás a mi lado. 
Me gusta contarte lo que me ha pasado 
hasta que descubro que he hablado sola. 

Llegó para irse como quien viaja a la cola del viento,  
me hizo llorar al besarme muy lento, 
no habrá una ciudad donde no me emocione.



A veces me encuentro contigo cuando no te espero, 


tras la sorpresa me toca pensarte. 

Érase una vez este maldito cuento.

¡Feliz Viernes!












jueves, 15 de marzo de 2018

Mi Credo


Creo en los milagros, en el poder curativo de una sonrisa, en el calor de una mirada, en la capacidad de templar el alma que tiene una caricia, en las palabras bonitas, en los suspiros que se escapan, en los besos en la frente  y en los latidos del corazón (ese que nunca se equivoca).
Creo en la buena gente, que coloca granitos de arena en los caminos de las personas que ama,  que pone gotas de agua en los océanos de sus seres queridos, que celebra los éxitos de los demás como propios, que riega las plantas del cariño todos los días, que te hace reír siempre, y que te cura cualquier mal tomándote de la mano.





Creo en las personas que te regalan su tiempo, es algo que no van a recuperar nunca,  en la sinceridad de los desconocidos,  en  las confidencias a media luz con un café, en los regalos espontáneos, en los colores de la naturaleza, en el poder calmante de una carcajada y en  la magia de las personas sencillas.
Creo en los mensajes  de buenos días, en las conversaciones tontas entre hermanos, en el poder beneficioso de la música,  en que todo es un poquito menos triste con una caja de bombones, en la reconfortante sensación de ver reír a la persona que amas, en el destino, en la maravillosa sincronización del Universo y  en que un abrazo  de mi hijo, puede curarme cualquier dolencia y espantarme cualquier pena.



Creo  que amar es la respuesta correcta, que ayudar es el único camino, que el alma es luz y que la luz es paz, creo en la magia, en el poder de la Luna, en el embrujo de la noche y en los Ángeles.









Creo en las personas de buena voluntad, gente de bien que disfruta haciendo felices a los demás,  que llora contigo y por ti que ríe contigo y para ti.

Pero también creo, aunque reniego; que hay personas que no saben amar, que no saben sentir, que hacen y dicen lo que les da la gana, sin pararse a pensar en el daño que causan, que siempre encuentran a un culpable, que se creen víctimas del mundo, de la sociedad y de sus circunstancias y sólo son víctimas de sí mismas, de su egoísmo, de su cinismo, de su vil y despiadada falta de amor.

No hay nada más triste que no tener un sueño que perseguir, una persona a la que amar, una ilusión por la que luchar y un sitio a dónde ir. 
Porque si no amas, si no tienes un sueño, si no te despiertas cada día con una ilusión, no eres nadie, no eres NADA.











El poder de un abrazo, la emoción de una melodía, la inmensidad de un sentimiento en palabras:













lunes, 12 de marzo de 2018

jueves, 8 de marzo de 2018

Un brindis por lo que nunca dije


¿ A dónde va lo que quieres hacer y no haces? 
 ¿A dónde va lo que quieres decir y no dices? 
 ¿A dónde va lo que no te permites sentir? 
 Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el   cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos. 
Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. 
Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. 
Lo que no decimos se transforma en error. 
Lo que no decimos se transforma en debe, en deuda, en  asignatura pendiente. 
Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración. 
Lo que no decimos no muere, nos mata. 
Lo que no decimos se transforma en trauma, en veneno que mata el alma. 
 Lo que no dices te encierra en el pasado. 
 Lo que no decimos se transforma en herida abierta. 
 Casi ángeles 

 Me pregunto en qué lugar se esconden los besos que no di, las sonrisas que no regalé, los abrazos que no entregué, las palabras bonitas que no dije por miedo a que esa pompa de jabón se rompiera, las manos que no tomé entre las mías, las veces que miré con indiferencia cuando debí derramar dulzura.
¿Qué habrá sido de  los gestos de cariño, de las palmadas en la espalda, de los “te echo de menos” que me atenazaban  y nunca verbalicé?
¿Por qué tuve miedo de romper el hechizo, si seguramente la otra persona esperaba un gesto de afecto por mi parte?
A veces callé cuando debí hablar, otras veces hablé cuando debí callar, a veces lloré cosas que no merecían ni una lágrima y otras veces permanecí impasible ante situaciones que merecían miles de lágrimas.
Hoy brindo por todas esas palabras bonitas que nunca pronuncié, porque me empeñé en ocultarme detrás de una muralla de indiferencia.




 

martes, 6 de marzo de 2018

Las súper tontis

Esta generación de súper señoras que estamos creando entre todas, sólo nos va  a traer infartos, ictus y frustraciones varias, no nos va a  llevar a los altares, ni nos  van a rendir ningún tipo de tributo. Lo siento chicas, pero es así; esta carrera tonta que llevamos todos los días, no va a ser reconocida en la puta vida, así que, más vale que vayamos soltando la fregona y nos tiremos a la calle a vivir.
Somos todas responsables de habernos inventado un modelo de mujer que,  trabaja fuera de casa, tiene su hogar en perfecto estado de revista, participa de forma activa en la vida escolar de sus hijos, compra en mercados ecológicos,  va al gimnasio, cocina sano,   y va siempre monísima, sin raíces, sin uñas rotas y sin un pelo fuera de lugar.
Todas, las de andar por casa, por ese tonto empeño de querer hacerlo todo sin pedir ayuda,  (aquí encabezo la lista de gilipollas por el mundo) y las de las revistas,  por decir que la maternidad es lo mejor que les ha pasado, que la conciliación  es posible, que hacen tartas con sus hijos (y no les dejan la cocina como una mierda), que los llevan a la playa o a una sesión de yoga, (y los niños  ni ensucian, ni se quejan),  que todo es maravilloso, y que les gustaría que los niños tuvieran más vacaciones para disfrutarlas juntos, porque ellas nunca tienen ojeras, ni la casa sucia, ni una montaña de plancha,  ni ganas de encerrar al niño un ratito, ni de salir gritando a la calle,  descalza, como una  perfecta loca de manual.



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Lo peor,  es el “tú puedes con todo”, porque,  claro, como no te quejas, como nos vas por ahí como la zarzamora pidiendo clemencia a la Virgen del manto fucsia,  y a toda la corte celestial, pues se  supone que te has tomado una especie de brebaje mágico,  y te has convertido en un puto ser de otra galaxia.

En vez del “tú puedes”, igual me apetece escuchar un “te admiro, no sé cómo lo haces, sé que puedes con todo, pero si necesitas ayuda, sabes dónde estoy”, que no voy a pedir ayuda, (vamos, antes muerta), pero me gusta saber que alguien considera grandes mis hazañas de todos los días,  y empatiza un poquito con esa absurda carrera de obstáculos diaria (que yo solita, sin ayuda de nadie,  me he autoimpuesto).

Esa imagen que venden los medios de súper heroína es absurdamente irreal, y hemos caído, hemos caído con todo el puñetero equipo, y esto, chiquis, no nos va a traer nada bueno;  ni una rotonda, ni una estatuta, ni una calle,  nos van a poner, a lo mejor, con suerte, una silla en casa, la que mire pa la pueta, pa estar más cerca de la cocina ( pa los porsis)




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No hace falta que  seamos las primeras en todo, (ni las segundas), nosotras solitas nos hemos metido en esta guerra, seguramente como respuesta a aquellas dominaciones masculinas pasadas.Esta carrera por ser las primeras más que de súper mujeres es de súper idiotas, si chatis, somos tontas.
Vale que no podemos regalar a los niños, ni faltar al trabajo, pero podemos no planchar, no arreglarnos las uñas,  llevar el pelo como un estropajo, tirar de comida basura o dejar un día la cocina sin recoger, que
¡¡¡no pasa nada !!! ( esto,  a fuego me lo voy a grabar yo a mí misma).


jueves, 1 de marzo de 2018

El equilibrio del Universo

Voy por la vida haciendo listas: lista de cosas que tengo que hacer, lista de fallos que veo una aplicación informática en el trabajo, lista de temas que quiero tratar con un compañero, lista de cosas que quiero cambiar, lista de colores que me gustan para pintar la pared, la lista de la compra, la  lista de grandes gestas y  hazañas y la lista de agravios pendientes (y entre estas dos últimas radica el equilibrio de mi Universo).
Como agravio pendiente, tengo hoy uno con La madre:  que a ver, que entiendo que llover es fundamental para el ciclo de la vida, que sin lluvia no hay nada, pero, ¿tiene que ir acompañada por viento? , que digo yo, que nos podemos organizar: un día viento y otro lluvia y todos japis, ¿no?
Que no es una queja tonta de adolescente que todo le viene mal, que lo comento,  porque  me ha envuelto un remolino de agua y viento que me ha dejao seco sólo medio flequillo.
En los tres metros desde el coche hasta la puerta de la ofi, me he acordao  de Tlaloc,  de toda su noble parentela y  de Eolo and family, que todo queda en casa, que soy muy Pro-madre y que todos somos coleguis y  todo  y eso, pero que sería mejor que bajarais a la Tierra de  uno en uno , ¿no?
Que fijo que mañana estoy al borde de la muerte o me duelen los huesos o algo, porque total, tengo edad ya de reuma, de enfriamientos y de falta de calcio y de todo.
En el apartado de las grandes gestas y hazañas, me voy a  apuntar que hoy salí a unas gestiones , pasé por una cafetería y olía a croissants recién sacados del horno entré y desayuné (en horario laboral), con el móvil en silencio, por si a alguien le daba por buscarme y me he quedao tan ancha.
La Alicia responsable no hubiera hecho esto en la vida, pero la naturaleza me ha pegao una paliza de viento y agua y mi versión 2.0 dice que son 15 minutos de nada y que el croissant estaba delicioso, y que nada,  que I don´t deserve less .
Seguramente en otro momento me hubiera asaltado aquella retahíla que nos enseñaban en la catequesis de

por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa


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que nos ha jodío la adolescencia y que, a día de hoy, llena las consultas de los psicólogos, esa puñetera herencia de la educación judeo-cristiana, la gran culpa, que hoy me he pasao por el forro y no me está torturando nada nada.
Y de esta forma tan simple,  amiguis,  se equilibra el Universo, el mío.
¡Feliz Jueves!