viernes, 24 de agosto de 2018

El adolescente, ese ser que vive cansao.

Un adolescente es un ser (humano), de momento no hay evidencias de que en el reino animal pasen por la edad de la tontería, que no es ni  un adulto, ni un tierno infante.
Anda ahí, a medio camino entre estar muy cansado para llevar un vaso a la cocina,  y pasar una tarde entera sin parar de tirarse desde el puñetero trampolín más alto, mientras tú, como madre del majara en cuestión, sufres varios micro infartos cada vez que lo ves lanzarse al vacío al grito de bomba.





No tiene claro lo que opina de su progenitora, unas veces eres guay y otras te espeta un: “no te flipes, tanto”. En este punto,  los amigos son fundamentales, si te haces la guay con los colegas, tienes medio camino hecho.






Está muy cansado, mucho, agotao, y se te pasa por la cabeza tirar de jalea real o de un chamán que le haga un conjuro o algo.
No se mueve del sofá nada más que para ir al baño y si acaso para comer,  y lo hace como si acabara de pasarse la mañana cargando sacos de arena o algo, prácticamente repta por el pasillo.





Lo de la comunicación con un púber, es un mito;  no emite más de tres palabras al día, amén de un par de sonidos guturales, que unas veces sirven como respuesta afirmativa,  y otras veces, según el día sea par o impar, o el viento sople de poniente o de levante, negativa.





Lo mismo arregla su habitación (un poco solo, sin estrés),  que te deja el salón que parece que se ha  celebrao  un festival de música indie o algo.
No hay una línea definida en su comportamiento, y una nunca sabes por dónde va a salir (en el caso de que hable, porque no suele hablar).






Tiene la desfachatez de, después de dos meses de vacaciones, decirte que le estresa ir a comprar y ver anunciada “La vuelta al cole”.









Si se digna a acompañarte a algún sitio, no esperes que sonría, no esperes que hable, no esperes nada, limítate a llevarlo al lao arrastrando los pies y su indignación, por haberlo hecho salir de su encierro tecnológico.




Tiene un hueco con su forma en  sofá, a veces vas a verlo,   temiendo que el sillón lo haya engullido (al niño) y aparezca (el niño) en otra dimensión, con los mandos de la tele, las llaves y todo lo que se ha tragado ya.
Si en un arrebato de pasión maternal, se te escapa un abrazo-achuchón, puede zafarse rapidito, o corresponderte con un beso que sabe gloria bendita, porque estás mu faltita de amorcito filial.




Por fin,  un día sale a cenar contigo voluntariamente, tú te preparas como si fueras a pasar un casting para  la Mercedes fashion week y el niño, tu hijo, ese ser que tardaste quince horas en traer al mundo, quiere ir a un fast food, y te entran ganas de morirte, pero vas, porque total, pa una vez que quiere salir, no te vas a poner exquisita. No te has comido ni una tercera parte del burrito, cuando el adolescente en cuestión, te está tirando de la bandeja, para que termines, ya lleva una hora y media en la calle, dejándose ver contigo, eso es mucho.Y terminas la cena y te vas llorando tu desconsuelo, porque tú, en tu supina ignorancia maternal,  habías imaginado una divertida velada con intercambio de opiniones del mundo en general, y del suyo en particular acompañada de  risas y momentos felices.




Se levanta cansao, todo el mundo te dice, (la peña entiende de todo lo más grande), que está así porque está creciendo,  y tú te lo repites a ti misma como un mantra de autocompasión. “el niño está creciendo, por eso está cansao”, pero luego piensas, “ya, él crece mientras yo hago, tooooodo lo demás y mi cuerpo no está precisamente recién estrenao”.






Lo peor, es que parece que la adolescencia , como  el cansancio,  no se acaban nunca.
¡Buen fin de semana!


miércoles, 22 de agosto de 2018

La playa: Alfredo Landa Vs Rafa Mora


El machomen de playa; ese semental ibérico de pelo en pecho y medalla de Camarón,  que se queda en el chiringuito, emitiendo gruñidos entre cerveza y cerveza, convenientemente acodado en la barra, mientras hace comentarios soeces sobre lo que le haría a la del biquini rojo, a aquella que está  en top less, o a la que se acaba de embardunar de aceite de brilli-brilli el pechamen y el culo, (no, no tiene intención  rezar el rosario, con ninguna de ellas),  ese macho,  último vestigio del landismo de la España del destape, ha muerto.



En su lugar nos deja al rasurao de playa;  un muchacho que lleva las piernas, las cejas y la línea del biquini mejor depiladas que tú, no se despeina,  se deja caer en la barra marcando musculitos y paquetorro y te mira poniéndote ojitos para que seas tú quien le entre a él. Es el  fan número uno de Rafa Mora,  y a juzgar  por su actitud de sobradito atiborrao de anabolizantes, anda bastante cerca, te perdona la vida cada vez que te mira mordiéndose un poco el labio inferior en una pose que pretende ser sexy, mientras tú te mueres de asco, preguntándote si le ha dao un algo al chaval  y se ha quedao así.


Porque claro,  el raro espécimen que va a la playa con su señora y los niños rubitos, que no levantan arena, ni dan la lata, ese padre amantísimo, que como única evidencia de los más de cuarenta abriles que le rondan, tiene unas canitas en las patillas, (que le sientan muy bien), que está cuidao sin excederse , que no le grita a sus hijos, ni los amenaza con rajarlos, que lleva la cuquineverita con batidos saludables, que le pone la cremita a su señora, que se ríe y la mira  (a ella  y a los niños) bendiciendo la inmensa fortuna de ser parte de esa familia perfecta, no existe y si existe, está pillao.






Va a ser mejor dejar la playa para finales de septiembre, cuando te puedes encontrar a un tarao pescando desde las seis de la mañana, a un surferillo jovenzuelo y a una muchacha (que bien podías ser tú misma) haciendo el saludo al sol.



lunes, 6 de agosto de 2018

Me he hecho vieja en un rato.


Yo, que soy muy de venirme arriba, también soy muy de venirme abajo, tipo  subsuelo y eso. Me dura un rato, pero me da tiempo a pensar, y eso, según se mire,  es un marrón.
Las malditas gafitas del cerca, aparte del impacto emocional de tener presbicia, me han traído (así a las bravas), un descubrimiento  arruguil, del que  podría haber prescindido perfectamente y  un par de microinfartos al verme la cara en tres dimensiones.
En la era pre-gafas, mi vida era pura ignorancia y felicidad, ha sido ponermelas y verme arrugas, ¡coño,  con lo mona que me veía yo a mí misma difuminadita!.
En realidad también veo las arrugas, manchas, granos y pelos fuera de sitio ajenos, lo que, como la perfecta cuarentona envidio-majara que soy,  equilibra un poquito el Universo.
Y digo yo, ¿la humanidad  (la parte de humanidad que ve bien) me ha estado viendo como una puta pasa, y nadie me ha dicho nada?
 De verdad, sofocos de la muerte me entran, de pensar que me he paseao por el mundo así, con más arrugas que cara, ¿por qué coño el tiempo y la edad tienen que destrozarnos las caras y la vida?.  
Así que, para volver a conseguir la tersura epidérmica que una vez tuve, me he hecho seguidora de un montón de instagramers que cuelgan  vídeos de maquillaje, a ver si se me pega algo. 
De momento, he descubierto que existen miles de productos que no sé ni cómo pedir en una perfumería, y seguramente no sabría cómo usar.

El básico para hacer contouring  al más puro estilo Kardashian, lo tengo, pero creo que no  hay espacio en mi cara,  para usar tantos colores, lo he intentado, pero sólo he conseguido un especie de look penoso que se debate entre  indio arapahoe y payaso  triste y que da mucho miedito.
Creo que, si tengo que elegir entre  seguir  llevando mis recién descubiertas arrugas con dignidad,  y parecer una drag trasnochada y vieja, me quedo con mis arruguitas, digna evidencia de que he vivido.

viernes, 3 de agosto de 2018

La luz.


"Una estrella recién nacida tomó entre sus manitas de luz a una luciérnaga que volaba en el espacioso jardín de la noche. Eres tan pequeñita -le dijo- y tu luz es tan débil...
La luciérnaga se detuvo sobre la hoja de un ciruelo bajando la cabeza para que su hermana no supiera de su tristeza.
Eres tan llena de luz -le dijo entonces con un hilo de voz- y agregó: ...y sin embargo, hermana mía, tan ciega. El tamaño de las cosas, ¿pertenece al reino del espacio o al reino de la Esencia? No importa que tan grande seas tú, y cuán pequeña parezca yo, lo que sí es importante es que ambas somos portadoras de luz. Deja tus huellas gigantescas en el inconmensurable cielo; a mí  me basta con iluminar el sendero de los pequeños insectos voladores,  para que en sus viajes nocturnos no sean atrapados por telarañas y otros peligros. Cada uno ayuda según la luz que posee, no interesa la magnitud o pequeñez del servicio. Lo que sí es importante es que éste sea el producto de la luz que cada uno tiene en su corazón. La fuente es la misma"


Cuentos para el alma" de Ada Albrecht