viernes, 9 de diciembre de 2011

El catálogo.

Unos de los acontecimientos pre-navideños más esperados es, aparte del anuncio de las burbujitas, la edición de los mil  catálogos de juguetes. En el momento en el que llega al buzón uno de ellos, sirve cualquiera, se puede decir que para los niños empieza la fiesta y para los mayores, nuestras peores pesadillas y temores.
Claro que, no siempre se reciben en el buzón, o no todos se reciben tan fácilmente.
En este momento, empieza la maratón por los centros comerciales, para tenerlos todos, porque el niño, que se lleva el catálogo al cole, para planear el asalto entre todos, ha visto que en el que tiene su amigo, que es el del Alcampo, viene una cosa y en el de Carrefour viene un coche de no sé qué.

Tú te vas al centro comercial vestida de invierno,  sin sospechar o más bien sin recordar que  visitar un centro comercial en Navidad es lo más parecido a un viaje al Caribe que nos podemos permitir algunos, y empiezan a entrarte todos los sudores del mundo y hay más gente que en la feria y todo el mundo va cargado y con prisas y los niños corretean por todas partes y la música machacona de ascensor de la  Navidad te persigue...
Pero por fin lo encuentras: El catálogo, en un brillante papel cuché, con  millones de páginas de muchos colores, con pegatinas que dicen: "me lo pido",  y con una carta pre-fabricada a los Reyes Magos (sólo hay que cortar y pegar).
Le pides al muchacho  tres (para todos los niños de la familia), porque claro, cada uno señala lo suyo, y el muchacho en cuestión te mira con cara de : "¿No te da nada, de verdad gastar tanto papel?,¡egoísta!", y tú miras para otro lado como si no fuera contigo, y vas en busca de tu próxima víctima.

Entonces llegas a casa y el niño cuando te ve aparecer con el botín se equipa con  el rotulador rojo, dispuesto a señalar lo que haga falta,  mi hijo se mira hasta los de colonias y los de Media Markt, por si acaso hay algo interesante.

Es impresionante lo pronto que aprenden a señalar, mis sobrinas gemelas aún no tienen tres años y tienen todos los catálogos de la casa abiertos por la página del "Coche de Minnie" y lo tienen con una pegatina , marcado con rotulador y además la página doblada, por si había alguna duda.

Yo procuro pasar rápido las páginas de juguetes caros, pero no es fácil engañarlo, entonces lo veo apuntar con el rotulador rojo  a uno de más de 50€ y le brillan los ojos, (me imagino esa estrellita brillando en el fondo del ojo del malo de los dibus) y me entran los sudores de la muerte.
 Para ellos cuenta el número de juguetes, independientemente de que cueste 80€ o 10€, eso les da igual.

-Mamá es que sólo he pedido cuatro..
 - Sí claro, a una media de 80
-Ay! mamá si lo traen los Reyes...
- Que son muchos niños, y los Reyes también tienen crisis...
- Pero si ellos lo fabrican en su taller, eso me dijiste el año pasado..
-....

Me temo que tengo que mejorar la argumentación, porque la historia de los Reyes empieza a ser inconsistente y ya preguntan cosas que son complicadas de responder, pero de momento se queda conforme con lo de la magia. Y compensa ver luego las caritas de felicidad absoluta.
Por este año, ya hemos pasado el "trago".