jueves, 28 de diciembre de 2017

Sacadme de aquí (y devolvedme a mi tiempo real)


Cada vez tengo más claro que vivo en la época actual porque alguien cometió un error, me mandaron a este mundo de perreas y reguetones, cuando lo mío era más el Hollywood de los años dorados, o la Inglaterra victoriana.






No es lo mismo salir a bailar con un señor peinado y perfumado  mientras una Big Band toca “La Vie en Rose”, y flotar en la pista con un vestido de gasa azul:


 


que salir con un tío que lleva medio calzoncillo fuera,  a bailar “Despacito”, pegando codazos para que nadie invada  tu espacio vital,  o te tiren encima un gin tonic con bayas y frutos del bosque (os voy a ahorrar el video del Fonsi, que estamos todos hasta el pelo ya, ¿no?)

No es lo mismo una carta como las que escribía el Señor Darcy:

"No se alarme, señorita, al recibir esta carta, ni crea que voy a repetir en ella mis sentimientos o a renovar las proposiciones que tanto le molestaron anoche. Escribo sin ninguna intención de afligirla ni de humillarme yo insistiendo en unos deseos que, para la felicidad de ambos, no pueden olvidarse tan fácilmente; el esfuerzo de redactar y de leer esta carta podía haber sido evitado si mi modo de ser no me obligase a escribirla y a que usted la lea. Por lo tanto, perdóneme que tome la libertad de solicitar su atención; aunque ya sé que habrá de concedérmela de mala gana, se lo pido en justicia”





Que una mierda de “Ola ke ase”, a cualquier hora de la madrugada porque el escribiente en cuestión está aburrido.


via GIPHY



¿Me apeo de la vida, no puedo con tanta vulgaridad!.



via GIPHY

jueves, 14 de diciembre de 2017

Soy rara, yes I am!

Hola, soy Alicia, y creo que soy antisocial.
Este es mi nuevo saludo. Me he dado cuenta de que huyo de las multitudes, de los sitios dónde está todo el mundo,  y de las fiestas y eventos que veneran los demás.
No voy a la feria, no salgo en semana santa, no me meto en un chiringuito petao ni de coña,  y cada año me empieza a molestar el mes de diciembre un poco antes. Por momentos creo que soy el grinch de la navidad, pero luego lo pienso bien y no es que no me gusten estas fechas, es que no me gusta el concepto bullangero y de felicidad como de plástico de estas fiestas.
No tengo problemas para relacionarme con la gente, no me cuesta socializar, pero estos momentos borreguiles de ver y dejarse ver en una fiesta, esta imposición social de tener que estar, me pone de muy mala baba. Y no tengo claro si me molestan las multitudes en general o los borregos en particular.

No sé si  soy un poquito distinta, una yomeopongo de manual o simplemente he decidido hacer lo que me apetece sin pensar en que me pierdo algo,  o en que el hecho de ir de electrón libre por la vida trae como consecuencia una suerte de ostracismo autoimpuesto, (si no estás en la fiesta, estás muerta).
Bien, he decidido, planeado y ejecutado mi propio suicidio social y asumo las consecuencias. 
Sólo pido que se respete mi decisión de alejarme de las masas, para cultivar mi propias tradiciones (la de alejarme de las masas, básicamente). 
Que no tenga ganas de ir a un local en el que no voy a conseguir llegar a la barra, no voy a poder hablar, ni levantar la mano por miedo a perder mi espacio vital,  y prácticamente tampoco voy a  respirar (mido metro y medio), no significa que esté depresiva ni nada por estilo, simplemente, he decidido nadar contracorriente.
Afortunadamente somos raras, le dije ayer a una amiga, (que también se define a sí misma como antisocial), ,  lo somos , ¿acaso hay algo mejor?.



lunes, 4 de diciembre de 2017

Aprendizajes y desaprendizajes.


 Pues he cumplido nada menos que 45 años, ¡sí señor!, ahí es nada, lo que me sitúa (siendo muy  muy optimista) en el Ecuador de mi vida.
He aprendido algunas cosillas, que antes no sabía (o no me hicieron falta nunca), no he conseguido aprender otras y he desaprendido muchas:
Tengo arrugas en la cara, y no hay crema (por carísisima que sea) que pueda solucionar eso, con lo cual, más vale que lo asuma, lección aprendida.
No me matan los apegos: si quieres estar, bien, mis puertas están abiertas, si decides marcharte, no voy a llorar la pérdida, (me lo apunto como aprendizaje de la persona sabia que soy).

Atraigo gente triste, y esto es algo que más vale que cambie, si no quiero terminar en la Lopez Ibor, no he conseguido aprender a repeler a los tristes.
Tampoco he aprendido a darles pasaporte a los atormentaos, sin  sentirme luego como si hubiera abandonao a un cachorrito en una gasolinera.
Entiendo que mis amis no son perfectos, pero  son, y eso me vale.
Se me olvidó llorar, tengo el lagrimal desajustao y dedico miles de lágrimas a cosas que no merecen ni un suspiro,  y las cosas importantes me vuelven dura como una roca.
He aprendido a reírme, como una loca de manual,  de mí misma.
No consigo comprender por qué tengo esa extraña tendencia a normalizar situaciones surrealistas y quedarme tan ancha.
Creo que, después de la última tropelía que me hice en el pelo, he aprendido que ni castaños oscuros, ni rojizos, mi color es rubio oscuro o caramelo (y punto).
La vida se puede acabar en un segundo, esto lo sabemos todos, pero pocos somos capaces de interiorizarlo y actuar en consecuencia, creo que lo tengo claro. He aprendido a no fingir que me interesa algo que me aburre, no,  me quita energías, me agota, y me pone de mal humor.
Ya creo que sé reconocer a un guadiana, a un anormal y a un discapacitao emocional.
A veces se me olvida que la gratitud es el pasaporte para la vida, pero luego  miro la honestidad, y la pureza de mi hijo y recuerdo que debo estar agradecida.
Necesito aprender a cambiar la frecuencia del tipo de vibración que emito, no quiero más vampiros emocionales, por favor, no.
He aprendido a desmontar el motor de un lavavajillas, arreglar una cerradura, a usar el taladro, a arreglar una cisterna y a desmontar una persiana para limpiarla.

No he aprendido, ni creo que lo haga , a cambiar una rueda, ni a planchar cualquier prenda que no sea algodón si quemarla, ni a mantener el mármol brillante.
He desaprendido a cocinar, a tener los espejos sin rastro y a descansar sin remordimeintos.
He reaprendido, las capitales de Europa, las ecuaciones, la organización medieval y la tabla de elementos.
Me quedo con la gente bonita, me deshago (sin grandes tragedias) de los que me dañaron, aunque fuera sólo por lo que no hicieron, dejo detrás a quien no me quiso y miro hacia adelante con una copa en la mano y rodeada de quienes hacen mi mundo un lugar mejor.