miércoles, 26 de agosto de 2015

Los clanes

Clanes de los muy televisivos ha habido siempre; pero últimamente entre  Pantojos y Jurados anda la cosa y es absolutamente alucinante lo que se ve y se oye por los mentideros de la prensa del corazón.
Hace unos días,  oí a  Fran Rivera, iluminado donde los haya, con estas orejitas que se ha de tragar la tierra, decir:
Pa matarlo
- “Lourdes es una mujer diez, una mujer de los pies a la cabeza (que suerte algunas dejamos de ser mujeres a la mitad).
Se ha portado fenomenal, es una mujer…como las de antes.”
¡Sí señor!, como las de antes, que sabían parir, porque las de ahora no sabemos, por eso la humanidad está en peligro de extinción.
¿Se puede ser más idiota?, ¿cómo es posible que un señor que lleva en los medios toda la vida, sea tan tonto?, ¿por qué la reportera no le dio un puñetazo de los de “ahora”?




Imposible ser más guapo
El hombre de mi vida, de la presente, de la pasada y de la futura es Cayetano Rivera.
No se puede ser más guapo,  le puedo perdonar que sea torero, ya se le pasará, que tenga una novia gritona, ya le estallaran los tímpanos y la dejará, que comparta genes con el Pantojo (ya hablaremos de este también), pero que tenga un hermano machista…
Mmmm…,  me lo tengo que pensar.
Que con Kiko (originalidad al poder, dos hermanos con el mismo nombre…) no me iba a aburrir, iba a tener mogollón de cuñis ¿o son concuñis…? bueno lo que sea…siliconadas y con un coeficiente intelectual que se iba a quedar blanco el mismísimo Einstein.
Aaaargggg
La genética es, desde luego, caprichosa: Caye, mi Caye, todo misterio y belleza, Fran, todo machismo y tontería, Kiko todo prosaísmo, todo pelo, grasa y salvas pestilentes.
Que sí, que he visto con mis ojitos como le preguntaban a una señorita si Kiko se tiró un pedo en su presencia…¿que dirá de estas cosas mi Panto?, pobre, al borde del colapso nervioso debe andar.
Ainss que ganas de que acabe el verano y haya algo que contar, alguna novedad en el mundo…porque lo de los escapes de gases nobles de Kiko, es pa no volver a mear en la vida.
Del modelito...no digo ná
Y por otra parte está el clan Jurado que entre que Rosa Benito anda de gira con la hija (que es como un camafeo, de antigua y de rancia) por esos  pueblos de dios, y Amador va armando bronca por los hospitales, no damos abasto para vivir en una indolencia absoluta y permanente de por vida. ¿Quién se va  a sorprender de nada a estas alturas?
Miedo me dan estas cosas, a saber en qué termina todo esto, lo mismo se impone como pregunta obligatoria en las entrevistas de trabajo:

¿Le huelen a usted los pinrrelitos?
¿Lanza usted gases nobles en los momentos de estrés?
Yo quiero que vuelva el otoño con sus madres delegadas, sus niños en el cole, las actividades extraescolares…
¡Ayyyyy esta España de charanga y pandereta, nos va a llevar al psiquiátrico.!

martes, 25 de agosto de 2015

Soledades

Dicen que es muy positiva la soledad, que pasar tiempo con uno mismo ayuda a expulsar fantasmas.
Estoy de acuerdo, pero cuando estás sola en la ofi y sola en casa y no tienes ni gato, ni perro, ni un triste pez payaso,  para poder pelearte o hablar,  o algo, la cosa se complica.
Que como no me pelee con mi damita de noche (convaleciente, pobrecita aún del pulgón) no sé a quién le voy a lanzar los fantasmas en forma de maleficio o de bronca o por los menos de grito desgarrado.
Así que,  para tranquilizarme un poquito y no lanzarme a la yugular del primero que tenga el valor de asomar la cabeza por aquí, he pensado tomarme un café o no, un mojito, con Pablo Milanés.
Podríamos dar un paseo  virtual (que igual no nos dejan ni entrar) por su Cuba natal, por las increíbles playas de Varadero, por La habana (ese cachito de Cádiz en el Caribe).




Y nos contamos cosas, que seguro que Pablo tiene más que contar que yo, que mi vida es la de una carmelita descalza.
Y brindamos por la vida, porque aún estamos por aquí, porque el corazón nos lleve a buen puerto, porque el viaje sea largo y lleno de emociones.
Y otro mojito, que esto tiene un fin, y unas risas que me duele hasta el alma de ver y sentir miserias, y un suspirito de azúcar moreno y ron y un son caribeño y un flequito de libertad en la mente.















Nos llevamos muchas canciones, Mensaje de amor”, de Carlos Manuel Delgado,"Soy como soy” de Pedro Junco,  “A toda Cuba le gusta”  de Remberto Bécke,  pero terminamos con esta,"Yo pisaré las calles nuevamente"  para que no se nos olviden las cosas que deben permanecer en la memoria por siempre, por un país que que aun clama verdad y justicia; 





lunes, 24 de agosto de 2015

Dónde el viento me lleve

“Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala, sé feliz y siempre sonríe, sólo vive intensamente. Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive.”
                                                                                                                 William Shakespeare


Y resulta que cuando dejo de confiar en la raza humana, descubro a mi alrededor gente buena, que da sin pedir, que sonríe, que abraza, que tiende una mano.
No sé si confiar, no sé si pensar, ¿debería?, ¿...y si…?.
Casi mejor que me deje ir, dónde el viento me lleve, hasta el final...
¿Y por qué no dejarme ir bailando?



Feliz Lunes!
















jueves, 20 de agosto de 2015

Mil batallas

Mil veces. Mil oportunidades. Mil errores. Mil decepciones. Mil  historias que contar.
Alguien me dijo no hace mucho tiempo, que las personas felices no tienen historia.
Tengo mil batallas que contar, ¿será que no soy feliz?, al menos ahora puedo hablar de todas mis luchas sin dolor, (bueno de casi todas).
El ser humano por definición,  tiende a una exigencia extrema, a ser derrotista, a hacer una autocrítica salvajemente despiadada de cada palabra  que se dice y también de las que no se pronuncian  y mueren a la orilla del alma de quien no la escucha nunca.
¿Por qué ese sentido de culpa?, ¿del castigo?, ¿por qué no nos sentimos merecedores de las cosas buenas que nos pasan?
Es la educación judeo-cristiana que nos ha impuesto ese camino “del bien” (sin salirse nunca de la línea marcada) para llegar a la meta que es…que es…
¿Cuál es la meta?, ¿el cielo?, el castigo ¿es el infierno?
Vivimos tremendamente condicionados por lo que debemos hacer, por lo que se supone que está bien, pero ¿y lo que queremos?, ¿qué hay de lo que de verdad nos apetece?
Venimos solos al mundo y solos nos vamos. 
Y  las personas que nos acompañan en ese trayecto, nos imponen normas, formas de pensar y actuar, condiciones, nos imponen sentimientos, en definitiva nos destruyen, nos destruimos.
Se nos hace tan dura la carga, que ya que somos animales sociales, buscamos con desesperación compañía y a veces, vendemos nuestra alma al mismísimo diablo a cambio de unas migajas de cariño.
Se imponen los libros de autoayuda, las meditaciones, los mindfullness, los reikis y todo tipo de prácticas para no pensar o para pensar en positivo, porque no tenemos pareja o porque no tenemos trabajo, o porque no respondemos al canon de belleza que nos imponemos nosotros mismos.
Estamos perdiendo el tiempo y nuestra propia esencia en tanta lucha por exigirnos, por empeñarnos en estar bien, en tener todo lo que se supone que hay que tener llegados a una edad.
¿Quién puso tantas normas?, ¿Quién dijo  que para ser feliz había que tenerlo todo?, ¿por qué nos machacamos tanto?
Nuestros abuelos vivían con la preocupación de la falta de recursos después de la guerra, el estado de bienestar trae eso, como una especie de competencia a  ver quién pone las fotos más bonitas en las redes sociales, quien tiene más amigos, quien se ve más joven, quien va a las mejores fiestas o quien cuelga el mejor plato a la hora de la cena (con amigos).
Es ridículo, nos olvidamos que aún hay niños que mueren de hambre, y de que en nuestro país hay familias que no tienen un plato caliente a diario en la mesa.
Y mientras, nosotros, los afortunados, nos pasamos la vida lamentando no pesar diez kilos menos o tener el cochazo del vecino o no poder estar con la persona de la que nos hemos encaprichado.
Somos absurdamente ridículos ( y yo la primera que me castigo y me machaco yo solita).



miércoles, 19 de agosto de 2015

El Dorado

La vida no podía ser sólo un laberinto de vacíos emocionales, decepciones, carencias afectivas y materiales  y suspiros que se escapaban a cualquier hora.
Sabía que en el mundo existía gente con vidas perfectas, con familias perfectas, gente feliz. 
Puede que ninguno de sus amigos, puede que nadie de su familia, pero existía un mundo lleno de colores brillantes, que no estaba a su alcance. 
O sí lo estaba: a veces desde el patio de su casa, lograba ver la tele de su vecino, y vislumbraba un mundo de opulencia y frivolidad que le fascinaba.  
Desde el  fondo de su ser, sabía que las cosas pasaban porque sí, nada respondía a un 
plan trazado, ¿qué sentido tenían todo ese cúmulo de acontecimientos desgraciados que había tenido que vivir sólo con 15 años?
La prematura muerte de sus padres en un cortísimo espacio de tiempo, la fría acogida por parte de unos tíos lejanos que no tuvieron más remedio que aceptarlo en casa, la carencia de amor, el trabajo duro para merecer una hogaza de pan, el frío, el hambre, el miedo y la falta de futuro, todo eso era real y no significaba nada para nadie.
Había oído hablar de la gente que arriesgaba su vida y todos sus ahorros, atendiendo a la llamada de la libertad, en pos de ese mundo de lujos y risas que lograba atisbar desde el  vano de la puerta del patio.
No fue nada difícil encontrar al alguien, que a cambio de meses de durísimo trabajo, le dio un billete con destino la libertad y con la desesperación como único pasaporte.
Una noche, cuando todos dormían, se escapó a la playa, dónde treinta personas más, entre ellos tres niños y dos mujeres embarazadas, esperaban su viaje a la tierra soñada, a El dorado.
Subieron a una pequeña embarcación pesquera de apenas doce metros de eslora, amontonados, en cuclillas, sin nada más en sus equipajes que la esperanza de una vida mejor, más fácil, un futuro para los niños, una nueva oportunidad para los adultos.
Y emprendieron el viaje más difícil y esperanzador de sus vidas con la promesa de un horizonte lleno de colores vivos, de risas y lujos, de  la vida fácil de los que salían en la tele.
Algunos viajaban hacinados en la parte inferior de la barca, donde estaba el motor, inhalando el humo durante las eternas horas de una travesía inhumana, y todos viajaban con la ilusión por bandera.
Pero no contaban con llegar a ese país de Sálvames, Pantojas y Grandes Hermanos y encontrarse con la miseria humana en forma de deportación y la material en forma de cinco millones de parados, de hambre, de corrupciones, de tarjetas blacks, de sobres, de Urdangarines, de cárceles y libertades pagadas.

El esperanzador sueño de libertad y dignidad se desvaneció apenas tocaron la arena de las playas de Tarifa, una patrulla de la Guardia Civil esperaba su llegada. 
Un equipo de la Cruz Roja se encargó de alimentar los cuerpos maltrechos por la inhumana travesía, algunas palabras de aliento reconfortaron sus almas atormentadas, pero el sueño se fue.
Se acabó, no vieron la tierra prometida, no hubo final feliz.
Al final, resultó, que sí que la vida era eso; un cúmulo de momentos desgraciados.
Un regalo para algunos, una condena para otros.

martes, 18 de agosto de 2015

Amis y no tan amis






"Apártate progresivamente, sin rupturas violentas, del amigo para quien representas un medio en vez de ser un fin"
Santiago Ramón y Cajal














“Con la gente que me gusta
me dan las claras del alba
compartiendo madrugadas,
palabras, risas y lunas.

Con la gente que me gusta
paso las noches en vela;
deberían ser eternas
como la lluvia y la sed.

Me gusta la gente
que cuando saluda
te aprieta la mano
con fuerza y sin dudas.

Me gusta la gente
que cuando te habla
te mira a los ojos,
te mira de frente,
te dice a la cara
aquello que siente y nada se calla y no tiene dobleces;                   

         
me gusta esa gente.

Con la gente que me gusta,
alrededor de una mesa,
cualquier vino es un poema,
cualquier charla la locura.

Con la gente que me gusta
me encanta hablar de proyectos;
de esos que se lleva el viento
y que se olvidan después.
Tomado de 

Me gusta la gente
que cuando saluda
te aprieta la mano
con fuerza y sin dudas.
Me gusta la gente
que cuando te habla
te mira a los ojos,
te mira de frente,
te dice a la cara
aquello que siente
y nada se calla y no tiene dobleces;
me gusta esa gente”

Con la gente que me gusta, A dos Velas


También me gusta la gente que se acuerda de mí y me manda un mensaje, y la gente que sonríe si soy yo quien escribo.
Me gusta la gente que es sincera en lo que siente y en lo que dice, que agradece una mirada o una sonrisa.
Me gusta la gente que sabe escuchar sin juzgar, que se preocupa sin agobiar.
Me gusta la gente que me hace reír, que no necesita hacer preguntas para saber que nada va bien.
Me gusta la gente que me pregunta cómo estoy y se queda a oír mi respuesta.
Me gusta la gente que me quiere y a quien quiero.

Me gusta mi gente.




A mis amis, los de verdad, os quiero.





























lunes, 17 de agosto de 2015

Mindfullness

Parece que ahora se ha puesto de modo el “Mind fullness” (Atención plena o presencia mental).


Según la web Sociedad Mind fullnes y Salud:

Durante los últimos 30 años, la práctica de Mindfulness o Atención Plena está integrándose a la  Medicina y Psicología de Occidente. Es aplicada, estudiada científicamente y por ello reconocida como una manera efectiva de reducir el estrés, aumentar la autoconciencia, reducir los síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés y mejora el bienestar general.
Aunque la práctica de Mindfulness ha sido recientemente integrada a la Medicina y Psicología de Occidente,  se trata de una práctica muy antigua que se origina hace más de 2500 años y constituye la esencia fundamental de las prácticas Budistas.
Mindfulness o Atención Plena significa prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente con interés, curiosidad y aceptación. Jon Kabat-Zinn, conocido como  referente mundial, por haber introducido esta práctica dentro del modelo médico de occidente hace más de 30 años, fundó la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts. Allí introducía a los pacientes a la práctica de Mindfulness para el tratamiento de problemas físicos, y psicológicos, dolor crónico, y otros síntomas asociados al estrés.
Jon Kabat-Zinn define Mindfulness como:

“Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”.
Este tipo de atención nos permite aprender a relacionarnos de forma directa con aquello que está ocurriendo en nuestra vida, aquí y ahora, en el momento presente. Es una forma de tomar conciencia de nuestra realidad, dándonos la oportunidad de trabajar conscientemente con nuestro estrés, dolor, enfermedad, pérdida o con los desafíos de nuestra vida. En contraposición, una vida en la que no ponemos atención, en la que nos encontramos más preocupados por lo que ocurrió o por lo que aun no ha ocurrido, nos conduce al descuido, el olvido y al aislamiento, reaccionando de manera automática y desadaptativa.
La atención plena nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, atendiendo de forma integral a los aspectos de la persona; cuerpo, mente y espíritu. Practicando la atención plena desarrollamos una mayor capacidad de discernimiento y de compasión. La práctica de esta atención abre la puerta hacia nuevas posibilidades, nos trae al aquí y al ahora, nos invita a vivir una vida de manera plena y en el presente.

Esto, en principio parece fácil, si no quedamos con la esencia, se trata de vivir el momento, el Carpe Diem, no pensar en nada más que en el momento actual.
Los beneficios de relajarse y dejar las cosas fluir, son muchos, es verdad, pero , ¿es tan fácil?
Hay muchas Alicias, una, la fatalista, está de guardia las 24 horas, yo veo complicao reducirla, porque es muy machacona, mucho.
No juzgar, no adelantarse a los acontecimientos (con lo catastrófica que soy...), vivir el momento presente, como si no tuviera consecuencias (¿en esto entra cogerse una melopea sin miedo a la resaca?).
Pero que digo yo, para esto habrá un cursillo o tutorial o algo, porque mi mente vuela en busca de consecuencias negativas, todo el tiempo, que es agotador andar arresujeteándome el pensamiento pa que no se me escape de las manos.
Oins, yo lo veo mu difícil, ¿algún voluntario pa apuntarse al curso del Carpe Diem?

viernes, 14 de agosto de 2015

Namasté

"I see and celebrate the love that you are; the light in me recognizes the light in you; I honor the light and love within you; I greet that place where you and I are one; I see and honor in you the place where the universe resides; when you are at that place in you, and I am at that place in me, we are one. "




“Yo honro ese lugar en ti en donde habita el universo entero, yo honro ese lugar en ti que es un lugar de amor, de verdad, de luz. Y sé que cuando tú estás en ese lugar dentro de ti, y yo estoy en ese lugar dentro de mí, tú y yo somos uno solo.” 







¡Feliz , zen y relajado fin de semana!















miércoles, 12 de agosto de 2015

Siete enseñanzas

Según los budistas, estas siete enseñanzas pueden hacernos cambiar la forma que tenemos de enfrentar la vida.
Por si acaso, yo me las voy a grabar a fuego.
-El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. 
-Alégrate porque todo lugar es aquí y todo momento es ahora.
-Cuida el exterior tanto como el interior, porque todo es uno. 
-Más vale usar pantuflas que alfombrar el mundo. 
-No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo. 
-No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. 
-Para entender todo, es necesario olvidarlo todo. 


Pues me voy a olvidar de lo que me hicieron mal y de los que no me hicieron bien.
Voy a tratar de no recrearme en el dolor, que me gusta mucho un drama.
Voy a ponerme mona todos los días.
Me voy a comprar unas pantuflas.
Como no necesito nada, puedo decir que soy rica. 
Y no haré nunca, nunca  lo que no me gustaría que me hicieran a mi.
¡ Feliz miércoles!






martes, 11 de agosto de 2015

María de los Ángeles y la divina virtud de la inocencia.

María  de los Ángeles Castro  de la Riva era una mujer piadosa como pocas.
Desde que era una niña, coleccionaba estampas de Santos de todos los países.
Cada uno de ellos tenía una misión especial en su vida, cada uno una función y acudía para cada caso al especialista en cuestión.

San  José, experto en familias.
Con San José Maria de los Ángeles no tenía nada pendiente, porque su única familia es un hermano díscolo que seguramente no recordara que tenía una hermana y un gato aparecía y desaparecía como su antiguo dueño.
San judas Tadeo, especialista en imposibles.
Como aquella vez que pidió que el actor protagonista de su culebrón favorito, se dejara caer por el pueblo y acudiera a su casa empapado en sudor para pedir un poco de agua y cobijo, (huelga decir que sigue esperando que San Judas haga el milagrito)
San Pafnuncio y sus casos perdidos, tipo el tarambana de su hermano.
San Antonio que era al que acudía todas las semanas para pedir un buen novio
El bueno de San Antonio, le había  visto el refajo, el sujetador, el muslo, y hasta  dar saltitos alrededor  de su capilla.
San Pantaleón y su especialidad médica.
Acudía a él cada vez que los kilos que le sobraban (que eran muchos), le dificultaban la respiración y hasta los desplazamientos por la casa, de la que  no salía más que para ir a misa.
Unos de esas tardes de misa y rosario, salía María de los Ángeles de la Iglesia con su abanico negro, igual que el resto de su atuendo, negro por papá y negro por mamá, y vio al hombre más bello, hermoso y absolutamente perturbador que había visto en su vida.
Mejor que Carlos Javier Hernández el de los culebrones, mejor que los protagonistas de las novelas rosa, mejor que nada de lo que sus castos ojos hubieran visto jamás.
Andrés Eugenio Jesús, era un cubano guapo, fornido, con hablar dulce y mirada seductora que se estaba refrescando en la fuente de la plaza.
Había llegado al pueblo huyendo, pero nunca dijo de qué.

Ella lo miró perturbada.
Él la miró y sonrió.
A María de los Ángeles se le aceleró el pulso y le empezó a sudar el labio superior y la frente.
No había duda: se había enamorado.
Cuando llegó a casa, por más que intentó quitarse esa imagen angelical de la cabeza, no pudo.
Al día siguiente se puso un poco de rubor en las mejillas para ir a misa y una blusa de tonos más alegres al siguiente.
Y así fue,  como María de los Ángeles Castro de la Riva, que llevaba  treinta años de tristes lutos,  fue cambiando su pelo, decidió vestirse con todos los colores del arco iris, porque sentía que su corazón rebosaba alegría, empezó a salir, y sonreía pícara a los hombres del pueblo.
Cada tarde veía  al cubano que ponía ladrillos en una obra, mientras la miraba con su cara (cuidadosamente estudiada) de enamorado y entregado y ella sentía que flotaba.
Hablaron. Sonrieron. María de los Ángeles creyó que el corazón se le saldría del pecho, cuando Andrés  Eugenio Jesús tomó suavemente su mano y la besó con una delicadeza extrema.
Fue feliz, estaba más guapa y radiante que nunca.
El cubano le arrancó la soledad a mordiscos, pero se fue, se fue, como era de esperar, y como había vaticinado medio pueblo.
Se llevó las joyas, el dinero y la colección de estampas de Santos, (a esto último la policía nunca supo dar una explicación).
Ahora  María de los Ángeles reza el rosario en casa, avergonzada, como está,  de haberse enamorado de la única persona que le demostró amor, aunque resultara ser todo una triste, vulgar y desgarradora mentira.




lunes, 10 de agosto de 2015

Y de repente...

 Buscamos la felicidad, pero sin saber      dónde, como los borrachos buscan su      casa,sabiendo que tienen una.
           Voltaire








De repente un día, la calma llega a tu vida.
Dejas de preocuparte por lo que piensen los demás.
No te hacen daño las palabras, ni lo gestos, ni los hechos, sólo duelen los que vienen de las personas que te quieren, pero comprendes que siempre es por tu bien.
De repente te das cuenta de que todo lo vivido y lo sufrido tenían como objetivo, llevarte al momento en el que estás.
Un día te levantas y te das cuenta de que,  pasados lo momentos en los que creíste morir, sigues estando vivo, que ya no necesitas recordarte a ti mismo que la vida sigue con o sin ti, porque prefieres estar y no perderte nada.
Te das cuenta de que no necesitas criticar el comportamiento de los demás, porque es absurdo, y porque cada uno vive como le da la gana.
Has hecho y haces cada día,  lo que puedes con tu vida, y nadie puede decir nada, porque nadie está en tu piel y nadie sabe lo que sientes y cómo lo sientes. Porque casi nunca hay palabras que describan las dimensiones de un beso, de una  mirada o de un gesto.
Haces las paces contigo mismo y dejas de reprocharte nada.
La vida es una y vivir condicionado por lo que no depende de ti, es una putada, pero hacerlo por lo que sí puedes controlar,  es una soberana estupidez.
Ya no te dejas engañar y decides mirar por ti, y aunque sigas dando lo mejor a los demás, te das cuenta de que si no te cuidas, si no te quedas con algo para tu persona (que diría mi Panto), muy poca gente va hacerlo por ti.
Y de repente,  un día descubres que eres feliz, y ni siquiera lo sabías.
Y para celebrar la inmensa dicha de la calma, ¿qué mejor que Deva y Mitten? (¿se me nota que me chiflan?)
¡Feliz lunes!













viernes, 7 de agosto de 2015

Formas de querer

“Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes. 
Te quiero como para salir a caminar, 
hablar del amor, mientras pateamos piedritas. 
Te quiero como para volvernos chinos de risa, 
ebrios de nada y pasear sin prisa las calles. 
Te quiero como para ir a los lugares que más frecuento, 
y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti. 
Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. 
Te quiero como para no dejarte ir jamás. 
Te quiero como se quiere a ciertos amores, 
a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.”
— Jaime Sabines









También quiero ser tu primer pensamiento de la mañana, que acaso me recuerdes y una sonrisa curve tus labios.
Te quiero como para que me hables de tí, como para que me cuentes quien eres.
Como para qué sepas que me apetece pedir en un bar o como para que sepas en una mirada,  que a veces no hacen falta las palabras.
Te quiero como para creerme que es la primera vez, que la pureza de los primeros amores no se fue por la borda.
Como para empezar de cero todos los días, como para proponerme enamorarte y enamorarme cada mañana.
Te quiero como para compartir despertares y desvelos, para mirar la luna junto a ti, como para reír contigo hasta que me duela la tripa...
Te quiero como para que me abraces cuando llueve y hace frío.
Así, te quiero.