miércoles, 26 de abril de 2017

La felicidad no cuesta nada.

Gracias por las cosas que no cuestan nada y me hacen feliz, cada día, todos los días:









Un paseo por el campo.
Un tupper de lentejas de mi madre.
Un amigo que se cuela por casa con una bandeja de pastelitos.
Una palmera de chocolate.
Los pajaritos cantando en mi ventana.
Un amanecer.
Una tarde junto al mar.
Ese mensaje de buenos días.
Esa sonrisa.
Esa mirada.
Un cumplido de alguien que no suele hacerlos.
Las risas con los compis.
La bendita indolencia de los 20 años.
Ositos de gominola.
Ese abrazo.
El brillo de la luna.
El verano.
El otoño.
El invierno.
La primavera.
El sur.
El norte.
Las manos que ayudan.
El olor de un libro nuevo.
Un personaje cualquiera de una novela cualquiera.
Sonreír por la calle.
Las mariposas.
Esa llamada.
Los encuentros.
Los versos, y los besos.
Saber que te esperan, un lugar dónde volver.
El calorcito que desprenden los bebés, su risa.
Las ganas de bailar.
Mirar y ver que todo está dónde debe estar.
La esperanza.
Una ilusión.
Perseguir a mi hijo por el pasillo para robarle un abrazo.
Que por fin nos guste a los dos una canción.
Su risa, incomporable.
Su mirada, infinita.
Mis amigos, mis amigas.
La gente que se ha ido.
Los que están llegando.


miércoles, 19 de abril de 2017

El walking dead de madres


Ser madre es una tarea difícil, y hay algunas que hacen de ello una profesión.

Para mí hay tres razas de madres, que se relacionan e interactuan entre sí, pero rara vez se mezclan, juntas sí, revueltas nunca.





Raza superior: las madres perfectas,  que llevan siempre el pelo recogido y bien peinadito (no se les escapa ni un mechón), no se les sale la blusa, ni se les arruga, no tienen ojeras, no pierden los nervios, hacen yoga con los niños, tienen tiempo de hacer cupcakes y sus únicas preocupaciones son el  conjuntito que van a llevar al  gym y que el niño o la niña vaya impoluto.
Detrás de estas wondermadres, hay un séquito de personas que hacen el trabajo sucio, particularmente,  no me importaría cambiarme por una de ellas un día, sólo uno, que fijo que me aburre tanta perfección.

Las quejimadres; les gritan a los niños, siempre les duele algo, a ellas o a algún miembro de la familia, hablan de comidas, de pañales, de castigos, de exámenes, de diarreas  y de erupciones cutáneas. Nunca cuentan nada positivo, porque todo es un drama y si  alguno de los niños o de los progenitores no tiene vómitos o conjuntivitis o algo, no tienen tema de conversación.
Van sin arreglar, sin ganas de vivir, parece que les molesta la capacidad de las demás y se ahogan en medio vaso de agua.




Las malasmadres; Entre las que me encuentro, no estudiamos con los niños, no "hacemos" los exámenes, no cocinamos especialmente bien, no nos sabemos los horarios, no vivimos en el colegio y no hablamos en el chat de madres. Nos arreglamos, nos relacionamos con personas fuera del entorno del niño, trabajamos en la calle, y tenemos niños felices





Cuento esto, porque ayer fui al colegio, y una quejimadre me dijo:

Cuerpotriste: Ay hija! no sé cómo te da tiempo de arreglarte, yo cómo no tengo tiempo de nada…
Alicia: pues ya ves, me levanto muy temprano, medito unos minutos, preparo el desayuno, el bocadillo del cole, recojo la casa, me doy una ducha, me pinto, me peino, me subo en unos tacones y me voy a trabajar y luego sigo trabajando en casa y me acuesto a las mil, porque también leo.
Cuerpotriste: Yo es que como me duele tanto la espalda y las piernas…y….(bla bla..)
Alicia: achaques tenemos todas, que tenemos una edad…
Cuerpotriste; es que yo tengo cuatro niños, son muchas lavadoras...
Alicia: lo hacéis todo entre los dos y no trabajas fuera...
Cuerpotriste: Y además te da tiempo a publicar en las redes, no me lo explico
Alicia: Yo tampoco

Y todo me lo dice cómo si estar arreglada, salir a trabajar, tener un face activo y estar feliz y guapa, fuera un puto delito. Mi hijo no está desatendido y los que me conocen saben que en mi casa no hay ni una pelusa.
¿Me tengo que justificar por tener tiempo?, ¿tengo que pedir perdón por ser capaz de organizarme?
¿En serio?, ¿es un problema estar capacitada para hacerlo todo?, ¿entono el mea culpa por reinventarme y ser feliz?, ¿es un delito serlo?.

No chicas, no tengo que pedir perdón por ser madre, padre, trabajadora, ama de casa y mujer.

Ser madre, no es fácil, conciliar trabajo y familia tampoco, pero hacerlo todo sola, sin ayuda, eso ya es para nota.
  
Difícil es  bajar la basura, porque como no  puedes dejar al niño solo , bajas con el niño en una mano y la basura en otra. 
Difícil es subir con un niño dormido en brazos,  la compra, y los abrigos.
Difícil es no poder hacer turnos por las noches, y rendir en el trabajo al día siguiente como si llevaras ocho horas de sueño en el cuerpo.
Difícil es ir a depilarte con el niño al lao o  ir al ginecólogo y dejarlo en la puerta de la consulta
Difícil es estar deseando tener un fin de semana en soledad, para luego, a las dos horas, andar por la casa como un alma en pena, echando de menos a tu hijo y las cosas que te pierdes cuando está con el padre.
Difícil es lidiar con el sentimiento de culpabilidad cuando deseas el fin de semana de relax.
Difícil es que el niño amanezca con fiebre y hacer una rondita de llamadas a las siete de la mañana a ver quien te hace el favor de cuidarlo.
Difícil es ser poli bueno y poli malo,  a la vez, para tu hijo.
Difícil es no contar con apoyo para cosas tipo uno prepara el desayuno y otro viste a los niños.
Particularmente, ya he superado casi todas esas etapas, pero todo mi respeto y admiración es para las madres que están en esa lucha de la que nadie habla y que no parece tener ningún mérito para nadie.
Nos bombardeamos la línea de flotación entre  nosotras: pelear por mantener, con cierta dignidad, un puesto de trabajo en una sociedad mayoritariamente machista, es triste, pero es la realidad.
Tener que pelear con otras madres porque no soportan verte brillar, es para echarse a llorar, de verdad, es descorazonador.



jueves, 6 de abril de 2017

Y puede que...

Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes. 
Te quiero como para salir a caminar, hablar de amor, mientras pateamos piedritas. 
Te quiero para volvernos chinos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa las calles. 
Te quiero como para ir contigo a los lugares que más frecuento, y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti. 
Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. 
Te quiero como para no dejarte ir jamás. 
Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.”

Jaime Sabines




Y puede que, para algo más, y hasta puede que, para algo menos.







¡Feliz Jueves!

lunes, 3 de abril de 2017

Aquí y ahora

Alégrate, porque todo lugar es aquí y
todo momento es ahora”



Si estás aquí y ahora, es porque alguien ha decidido que así sea, alguien ha decidido que puedas disfrutar de las maravillas que te brinda el Universo.
No te anticipes al dolor que aún no ha llegado, ni a las tristezas, ni  a las dificultades, disfruta del ahora, es lo que tienes y  es lo que vives.
Estás aquí y ahora, no mires más allá,  y si estoy aquí y ahora,  en el mismo sitio y  en el mismo tiempo, no es casualidad.
Piensa en todas las cosas maravillosas que están por llegar, déjame asomarme a ese misterio insondable de tu alma.
Deja que entre el sol, abre las ventanas de tu yo, para que, igual que se ventila una casa que huele a polvo, a miedos y a despedidas, lo divino que hay en ti, se purifique con la luz de la mañana y luzca sus mejores galas.
Permite que te ayude a airear, limpiar y pintar tu casa de colores luminosos, deja que el sol entre a raudales y temple las habitaciones. 
Deja que fluya, no te resistas,  si el Universo entero quiere pasar, saca  tu mejor juego de té, pon tu mejor mantel, coloca tu mesa y tus sillas más cómodas en el lugar más luminoso de tu casa, y ejerce de anfitrión, hazme un hueco, que quiero acompañarte en este viaje de luz.
Hoy estoy aquí y ahora y es para ti.