lunes, 27 de mayo de 2013

Esto también pasará.



                                                  .....Para seguir pensando


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.
Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:
-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
 
                                                                                
 
 

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres.
Que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer,
ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen.
Y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la Liebre, muriendo la vida,
jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata
 
    
                                                   Eduardo Galeano









Para empezar la semana pensando.....


jueves, 9 de mayo de 2013

Oremus

Pues resulta que en el Telediario de TVE, recomiendan rezar para calmar la ansiedad por la falta de trabajo o por el miedo a perderlo (muy científico).
A ver si lo he entendido bien: para que no colapsemos la planta de salud mental de los centros de salud, desde el Gobierno (Santo Gobierno), muy veladamente, nos recomiendan  ponerle velitas a San Judas Tadeo, Patrón de los Imposibles, para que nos salga trabajo. En ningúm momento dicen que las oraciones e invocaciones varias a los Santos Patrones de la Crisis, funcionen, pero calman la ansiedad. De todas formas, queda la puerta abierta a la duda ¿y si funciona?. Pues si funcionara o funcionase, seguramente ya nos cobrarían entrada en las Iglesias y las velas se venderían a precio de oro. Ahhh, ¿que ya lo hacen?, entonces va siendo hora de ir tener unas palabritas con estos  Santos muchachos, ¿no?.
Así que, ahora que estamos en el mes de las flores: " venid y vamos todosss con flores a Mariaaa, que madre nueeesstra es...." para no perder el trabajo vamos a ir con flores a San Judas, y en vez de tomarnos un citalopran, nos leemos los Santos Evangelios, cuando estemos a punto de mandar al carajo al jefe o a un compañero, rezaremos cuatro Ave Marías, si el coche de delante no sale disparao al ponerse el semáforo en verde, en vez de pitar como posesos, sacaremos nuestro rosario de pétalos de rosa y rezaremos, cuando Endesa amenace con cortar la luz, rezaremos un Credo....
Al final, en treinta años, todos a los altares, o todos con una camisa de fuerza rezando a voz en grito:
"...por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...."
                                                                                                            Amen.