martes, 25 de septiembre de 2012

La voz.

En las oscuras horas de la madrugada, habitan los seres de ficción, lo irreales, los que viven y respiran sólo si es de noche. Como Mar Torres, que mientras todos duermen  vive historias inventadas desde la soledad de su pisito con la compañía de un pequeño transistor, que tiene, seguramente los mismos años que ella.
Mar enviudó joven, tanto que casi no lo recuerda, nunca volvió a mirar a otro hombre, tenía miedo de que su difunto volviera desde dónde estuviera para reprocharle su falta de respeto. Era algo que hacía muy a menudo en vida, si se entretenía hablando con el carnicero, la acusaba de coquetear con él, y todo, todo era una falta de respeto. Así que Marta cuando descansó (ella más que él) decidió no tentar a la suerte con otro hombre, no le fuera a salir rana, pero sobre todo no fuera que D. Santos Rodríguez decidiera volver.
La gente pensaba que había estado  tan enamorada, que nunca superó la muerte de su marido. A ella no le importaban las habladurías de la gente, vivía feliz, tranquila y enamorada. Enamorada de una voz, de un locutor de radio que no tenía cara, ni manos, ni piernas, era una voz, pero a ella le bastaba, ella le hablaba y él contestaba solícito a sus preguntas, era feliz en su delirio y nunca necesitó nada más. ¿ Quienes somos los demás, para juzgarla? ¿quién puede condenar a alguien por arrancarse la soledad a mordiscos? ¿quien sabe?, lo mismo, los locos somos nosotros.

                                                                                                                  

lunes, 10 de septiembre de 2012

Paisaje urbano

Siete de la mañana. Suena el despertador; por la ventana entra una luz distinta a la de estas semanas pasadas, hoy es como grisácea, hoy el día empieza un poco después.
Me tomo un café, paso por la ducha, preparo la mochila de Álvaro, 3ª de Primaria, se ma he hecho mayor de repente...¿en qué momento dejé de hacerle tanta falta?.
Lo despierto. Hoy es el primer día de cole después de un verano divertido, pero interminable. Ayer estaba nervioso, se va corriendo a la cocina, desayunamos y bajamos a la calle.
El paisaje ha cambiado por completo desde el viernes, son las ocho y media y las madres y los niños, se apresuran a las paradas de autobuses, a los coches, a los colegios. De repente la calle se ha llenado de gente, de repente se respira un aire limpio y fresco, de repente la rutina se ha vuelto a instalar entre nosotros. Las madres suspiran aliviadas, los niños corren felices al encuentro con sus amigos, se respira la tranquilidad de saber que por fin , los días y las noches toman un rumbo normal y fijo.
Estos días de finales de verano marcan, no sé como una especie de nuevo comienzo, invitan a reflexionar, a agradecer que por fin volvemos al sitio que nos corresponde.
A mi me apetece salir a  comprar unos  lápices, forrar libros, (me encanta el olor de los libros nuevos), comprarme una mochi nueva y volver al cole, dónde todo parece tan fácil desde la distancia...