martes, 15 de febrero de 2011

Ese angelote pesado de todos los febreros.


Ayer, en todos los programas de la tele, hacían menciones a San Valentín, si ibas al Mercadona a comprar, te asaltaba una empleada con una tarta con forma de corazón, si pedías un pizza te la madaban con forma de corazón, si ibas al Corte Inglés, te perseguían con perfumes, joyas y bombones, mientras en megafonía sonaba esa canción machacona de: " hoy es el día de los enamorados...".

De verdad, que pesadilla de San Valetín, todos los febreros la misma angustia... claro que, ¿que se puede esperar de un angelito (con más años que El Puma) que anda por la vida en pañales, disparando flechas?(con la presbicia que tendrá, que por eso no da ni una).
El hecho de que no tenga pareja, no tiene nada que ver con mi firme opinión sobre esta estrategia de los grandes almacenes para incitarmos a gastar, más y más.

No entiendo cómo nos estamos dejando gobernar por las imposiciones consumistas de el dueño de El Corte Inglés y de cuatro más. Y claro, si no te dejas arrastrar por la corriente, te miran mal.: ¿que tu novio no te ha hecho un regalo?, ¡uy, la pobre!, ¿no tienes novio?, bueno mujer, ¡para el año que viene!.
Que no, que no tengo pareja, ni quiero y si la tuviera, tampoco querría un regalo, que seguramente haría forzado por las circunstancias, prefiero detalles todos los días del año, y no hace falta gastar nada.

De momento, la pesadilla recurrente de todos los febreros ha terminado, el año que viene más y peor.

miércoles, 9 de febrero de 2011

De extensiones y otros horrores.


Ayer haciendo zapping, vi (no sé si en GH 24 horas, en un resumen o dónde) a una rubia, Lydia, con un manojo de pelos en la mano, pidiéndole a un compañero que le sujetara las extensiones para plancharlas. No hace falta que diga que me quedé un poco impresioná. Yo en mi profunda ignorancia del mundo de la estética, pensaba que las extensiones te las pone el peluquero y ya no te las puedes quitar, pero no: ¡las hay de quita y pon!.
Y claro, me asaltaron varias dudas: cuándo vas a la tienda, ¿qué pides? ¿ me da ústed cuarto y mitad de pelo rubio platino?, ¿la medida de largo es estándar? ¿las hay rizadas de serie?, ¿a las extensiones se les cae el pelo?.
No me imagino a mí misma, colgando los pelos esos de la cortina con unas pinzas de tender, para poder plancharlas... de verdad sólo de pensarlo..¡que repelús!, ¿no?.
Y cómo tras el impacto, no podía dormir, seguí viendo GH y estuve pensando en la de veces que le asoman los clips de las extensiones a las famosas, o la de fotografías que circulan por la red de algunas famosas con la pestaña postiza colgando de un ojo. Y he llegado a la conclusión de que es peor el remedio que la enfermedad, que no hay nada más cutre que eso, que se vea el truco, que mejor al natural, aunque no sea tan glamuroso, porque no hay nada que arruine más un buen look que se descubran los arreglos. Por eso yo, de trucos los justos, y de maquillaje también lo justo y a pesar de eso siempre me veo monísima, porque menos es más.( Y yo mido metro y medio).

martes, 1 de febrero de 2011

Una Antoñita muy fantástica.


Hace unas semanas fuí con, vamos a llamarle, Antoñita (por lo fantástica) a buscar una traje para una boda de la High Society , en Sevilla. El evento requería grandes dosis de glamour y de imaginación. Como la ocasión lo merecía, compramos el Hola, y nos fuimos a buscar el vestido que lucía la Preysler en portada.
La dependienta de la tienda, se deshizo en elogios hacía el vestido, (bonito era, desde luego). Nos hizo pasar a un probador de esos que incluyen sofá, como si fueras a llevar público para probarte un vestido, las luces del probador eran estupendas, yo no me veía ni arrugas...
Todo iba bien , hasta que la inocente dependienta, ignorante del huracán-Toñi, dijo: " Tendrás una talla 40-42, no?". En ese momento, vi como a Toñi, se le abrian las aletillas de la naríz, señal inequívoca de que la tormenta va a estallar. Antoñita, se mete en una talla 36, aunque ello suponga no respirar durante doce horas -" ya respiraré en casa, en pijama"- piensa ella, mientras se embute en la 36 ó en la 34, porque ella, que es muy fantástica se mete en la talla que le da la gana,- ¿o es que va a venir un fabricante de ropa a decirme la talla que tengo que comprar?-.
Finalmente, la tormenta no se desató, no hubo que invocar a Santa Bárbara, ni salir corriendo de la tienda,- porque, la de la tienda que piense lo que quiera, yo me meto en la 36, ¡porque lo digo yo!-.
Pues, esa y no otra, es la actitud: Estoy fantástica, porque soy fantástica, como diría Raphael, que no Rappel, "digan lo que digan los demás".